Logo de Revista VERTICES

Parkinson y ejercicio: por qué moverse también es parte del tratamiento

Gerardo Luis Piva, doctor en Ciencias del Ejercicio y postdoctor en Rehabilitación Deportiva, analiza el rol de la actividad física como parte central del tratamiento integral del Parkinson. El especialista advierte que el movimiento ya no debe pensarse como una simple recomendación, sino como una herramienta terapéutica capaz de mejorar la autonomía, el equilibrio, el ánimo y la calidad de vida.

1. ¿Qué es el Parkinson y cuáles son sus principales síntomas?

 

El Parkinson es una enfermedad neurológica, crónica y progresiva. Se produce porque las neuronas que fabrican dopamina en una zona del cerebro llamada sustancia negra empiezan a morir. La dopamina es clave para que el movimiento sea automático, fluido y preciso.

 

Síntomas principales - los motores:

 

A. Temblor en reposo: Típico en manos, pero no todos lo tienen. Desaparece al moverse.

B. Rigidez: Los músculos se ponen duros. Cuesta girar, levantarse de una silla, o el braceo al caminar se pierde.

C. Bradicinesia: Lentitud para iniciar y ejecutar movimientos. Abrocharse, escribir, caminar se vuelve lento.

D. Inestabilidad postural: Problemas de equilibrio, sobre todo en etapas más avanzadas. Aumenta el riesgo de caídas.

 

Síntomas no motores - igual de importantes

 

Depresión, ansiedad, trastornos del sueño, estreñimiento, pérdida de olfato, fatiga. Muchos aparecen años antes que los motores. 

 

Hoy no tiene cura, pero sí tratamiento para convivir con la enfermedad muchos años con buena calidad de vida.

 

 

2. ¿Qué importancia tiene la actividad física en una persona con Parkinson?

 

Es fundamental. El Parkinson le quita al cuerpo el automatismo: cosas como caminar, pararse o girar dejan de salir solas. El ejercicio es la forma de “re-entrenar” al cerebro y al cuerpo para que esos movimientos no se pierdan.

 

La actividad física actúa en 3 niveles:

 

1. Frena el deterioro: Hay evidencia de que el ejercicio intenso puede enlentecer la progresión de los síntomas motores.

2. Compensa lo que falta: Mejora la fuerza, el equilibrio y la coordinación que la enfermedad deteriora.

3. Impacta en el ánimo: Reduce la depresión, ansiedad y fatiga. Mejora el sueño. Una persona que se mueve se siente más autónoma.

 

No moverse con Parkinson es como no usar un brazo: se atrofia más rápido. El sedentarismo acelera todo lo que la enfermedad ya quiere romper.

 

3. ¿Por qué hoy el ejercicio se considera parte del tratamiento?

 

Porque dejó de ser “recomendación” y pasó a ser “prescripción”. Los neurólogos ya no dicen solo “tome la levodopa”. Dicen “tome la levodopa y vaya a kinesio/gimnasio”.

 

3 razones de peso

 

1. Neuroprotección: El ejercicio aeróbico intenso libera factores neurotróficos como el BDNF. Es como un “fertilizante” para las neuronas que todavía están sanas. Las protege.

2. Mejora el efecto de la medicación: Una persona activa absorbe y usa mejor la medicación. Con ejercicio, muchas veces se necesita menos dosis.

3. Ataca síntomas que la pastilla no: La medicación mejora lentitud y rigidez, pero no tanto el equilibrio, la postura, ni la voz. El ejercicio sí. También mejora el estreñimiento, el sueño y el ánimo, donde los fármacos se quedan cortos.

 

Hoy, si no hacés ejercicio, estás haciendo un tratamiento incompleto.

 

4. ¿Qué tipos de ejercicios son los más recomendados?

 

No hay “el mejor”. Hay que combinar. La receta ideal tiene 4 patas, como una mesa:

Tipo     Para qué sirve            Ejemplos

A. Aeróbico intenso Neuroprotección + resistencia: Caminata rápida, bici fija, natación, cinta. Meta: que cueste hablar mientras lo hacés. 3 veces/semana, 30 min.

B. Fuerza: Combatir la rigidez y la pérdida de masa muscular Pesas, bandas elásticas, sentadillas, máquinas. 2-3 veces/semana.

C. Equilibrio y agilidad: Prevenir caídas. Mejorar giros y frenadas: Tai Chi, boxeo sin contacto, baile, circuitos con conos. Es el más específico del Parkinson.

D. Flexibilidad y estiramiento: Ganarle a la rigidez y mejorar postura: Yoga, elongación diaria, ejercicios de amplitud para tronco y cuello. Todos los días.

 

Clave: Tiene que ser desafiante, variado y sostenido. Y supervisado al inicio por kinesiólogos o profes formados en Parkinson. Bailar tango (tango terapia) o hacer boxeo funciona porque obliga al cerebro a pensar, anticipar y reaccionar.

 

 

5. ¿Qué pasa cuando una persona con Parkinson deja de moverse o reduce su actividad física?*

 

Se entra en un círculo vicioso muy rápido:

 

A. Menos movimiento → Más rigidez y lentitud:El músculo se acorta, la articulación se pone dura. Lo que costaba, ahora cuesta el doble.

B. Más miedo a caerse → Más aislamiento:Al sentirse inseguro, la persona sale menos. Pierde vida social.

C. Menos social → Más depresión y apatía:El Parkinson ya trae apatía de base. Si no te movés, el ánimo cae en picada.

D. Más depresión → Menos ganas de moverse:* Y vuelve a empezar, pero cada vez peor.

 

En 6 meses de inactividad, una persona con Parkinson puede perder funcionalidad que después tarda años en recuperar. El “lo hago mañana” acá sale caro. El movimiento es uso o pérdida, literal.

 

6. ¿Qué recomendaciones daría a las familias que acompañan a una persona con Parkinson?

 

Lo que SÍ ayuda:

 

A. Motivar, no obligar: “¿Vamos a caminar juntos?” funciona mejor que “tenés que caminar”.

B. Adaptar, no infantilizar:Si no puede abrocharse, buscá ropa con abrojo. Pero que siga vistiéndose solo. La autonomía es oro.

C. Paciencia con los tiempos:* La bradicinesia desespera. Dale tiempo. No lo hagas todo para “terminar antes”.

D. Moverse con él/ella: Andá a la clase de tango, salí a caminar. Si es plan familiar, se sostiene.

E. Festejar logros chicos: “Hoy caminaste una cuadra más” vale más que “no hiciste nada”.

F. Cuidar al cuidador: Si vos te quemas, no podés ayudar. Buscá tu espacio y tu actividad física también.

 

Lo que NO ayuda: Hacerlo todo, retarlo por lento, hablarle como a un nene, o sobreprotegerlo al punto de que no se mueva por miedo a que se caiga. La caída es un riesgo, pero la inmovilidad es una condena.

 

 

7. ¿Existen mitos o errores frecuentes sobre la actividad física y esta enfermedad?

 

Sí, varios. Y son peligrosos porque frenan a la gente.

 

“Si tengo Parkinson, no puedo hacer ejercicio intenso” Falso. Salvo contraindicación médica puntual, el ejercicio intenso es el que más neuroprotección da. Hay gente con Parkinson corriendo maratones.

 

“Ya tomo la medicación, no hace falta moverse” Error grave. La medicación y el ejercicio atacan cosas distintas. Son equipo. Uno sin el otro rinde a la mitad.

 

“Es mejor quedarse quieto para no caerse” Al revés. Quedarse quieto te saca fuerza y equilibrio, y te caes más. El ejercicio específico para equilibrio es el mejor seguro anticaídas.

 

“Si tiemblo más cuando hago ejercicio, es malo” Normal. Con el esfuerzo y la adrenalina el temblor puede aumentar en el momento. No significa que te haga mal. Pasa el rato.

 

“Ya estoy grande para empezar”. Nunca es tarde. Se vio mejoría en personas que arrancaron a los 70-80 años. El cerebro mantiene plasticidad toda la vida.

 

“Cualquier ejercicio da igual”, No. Tiene que ser específico: intenso, desafiante y que trabaje equilibrio, amplitud y doble tarea. Caminar mirando vidrieras no alcanza.

 

El error más grande: esperar a “estar peor” para arrancar. Con Parkinson, el mejor día para empezar a moverse fue ayer. El segundo mejor día es hoy.

 

Autor: Gerardo Luis Piva. Dr. en Ciencias del ejercicio y post Dr en rehabilitación Deportiva

Contenidos relacionados

No hay resultados para mostrar.