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Pensar desde el Sur: Julián Bilmes y la disputa por la soberanía científica

El sociólogo, docente e investigador Julián Bilmes analiza la crisis que atraviesa el sistema científico-tecnológico argentino y la inscribe en una disputa más amplia por el conocimiento, los recursos estratégicos y la soberanía. Desde una mirada sociológica anclada en el pensamiento latinoamericano, propone recuperar la capacidad de “pensar desde las periferias, desde el Sur Global” y comprender la ciencia no solo como producción de conocimiento, sino como una herramienta decisiva para definir qué modelo de desarrollo y qué lugar puede ocupar la Argentina en el mundo

Una capacidad científica construida durante décadas


Para Julián Bilmes, comprender el presente exige comenzar por reconocer aquello que Argentina consiguió construir históricamente. “La ciencia argentina tiene una historia muy importante que la destaca a nivel regional e incluso, en algunos rubros, a nivel mundial”, sostiene.

 

Como expresión de ese recorrido menciona los premios Nobel obtenidos por científicos argentinos y capacidades tecnológicas que colocaron al país en espacios reservados para un número reducido de naciones.

 

“La misma condición de tener premios Nobel en distintas áreas y de integrar el nutrido club de países que pueden poner satélites en órbita o producir y exportar reactores nucleares nos muestra que tenemos capacidades científicas, tecnológicas de relevancia”, afirma.

 

Para el investigador, se trata de capacidades que “el país logró construir a lo largo de las décadas” y que incluyen también a las ciencias sociales, desde donde se estudian las dinámicas, estructuras y procesos que atraviesan la sociedad argentina.

 

Una ciencia pensada desde América Latina


Bilmes reivindica particularmente una tradición intelectual que buscó vincular ciencia y tecnología con las necesidades concretas del desarrollo latinoamericano.

 

“Nosotros queremos reivindicar fuertemente una corriente de pensamiento propio en el campo de la ciencia, la tecnología y la sociedad”, explica al referirse al Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad.

 

Esa tradición reúne aportes provenientes de distintas disciplinas y permite, según plantea, escapar de compartimentos demasiado rígidos. “Me parece que hay un rico bagaje y una articulación interdisciplinaria”, sostiene, destacando los cruces entre sociólogos, economistas, matemáticos, físicos y otros campos científicos.

 

La discusión sobre ciencia deja entonces de circunscribirse al laboratorio. También implica preguntarse qué conocimiento se produce, para qué necesidades y dentro de qué proyecto de desarrollo.

 

“Un ataque sin precedentes”


Cuando la conversación llega al presente, el diagnóstico se vuelve considerablemente más crítico. Bilmes considera que las políticas actuales están afectando al entramado construido entre universidades, organismos científicos y desarrollo tecnológico.

 

“Lo que estamos viviendo es un ataque sin precedentes al complejo científico-tecnológico de nuestro país, a la articulación entre ciencia, tecnología, universidad”, advierte.

 

El investigador señala que dentro del propio sector comenzó a utilizarse una expresión todavía más fuerte para caracterizar la situación: “Por eso en el sector se habla en términos de cientificidio”.

 

Según su interpretación, existe “una voluntad manifiesta de destruir capacidades en estas áreas”, algo que vincula directamente con el modelo económico que atribuye al Gobierno nacional.

 

La ciencia detrás de un modelo de país


Para el sociólogo, el deterioro científico-tecnológico no constituye un fenómeno aislado. Lo relaciona con una concepción económica basada principalmente en actividades primarias, extractivas y exportadoras, junto con el peso de la valorización financiera.

 

Desde esa perspectiva, determinadas capacidades científicas y tecnológicas pierden centralidad porque dejan de resultar necesarias para el modelo de desarrollo impulsado.

 

El problema, según su planteo, consiste en que esas capacidades demandaron décadas de inversión, formación profesional, instituciones y acumulación de conocimiento. Su debilitamiento, por lo tanto, no afecta únicamente a quienes trabajan actualmente dentro del sistema científico.

 

Lo que está en discusión es la posibilidad de que Argentina conserve herramientas propias para desarrollar tecnologías, agregar valor y decidir sobre determinadas áreas estratégicas.

 

Universidad y pensamiento crítico


Bilmes encuentra además una segunda dimensión en el conflicto. No se trataría solamente de presupuesto o de una determinada concepción económica, sino también del lugar que ocupan la universidad, los investigadores y el pensamiento crítico dentro de la sociedad.

 

Frente a caracterizaciones que presentan al sistema científico y universitario como espacios ideológicamente homogéneos, el sociólogo plantea una realidad diferente.

 

“Cuando uno conoce desde adentro sabe que hay una diversidad, una heterogeneidad grande de ideologías, de posiciones, de corrientes”, explica.

 

También manifiesta preocupación por la creciente descalificación pública hacia investigadores, científicos, educadores y periodistas críticos. Considera que el endurecimiento de esas caracterizaciones resulta “cada vez más jodido y cada vez más peligroso”.

 

Una disputa internacional por tecnología y recursos


El análisis adquiere otra dimensión cuando el investigador incorpora la geopolítica. En un escenario internacional atravesado por transformaciones tecnológicas aceleradas, considera que conocimiento y soberanía aparecen cada vez más vinculados.

 

La inteligencia artificial, los recursos estratégicos y las tecnologías de frontera forman parte de una competencia global en la que las principales potencias intentan conservar o ampliar sus capacidades.

 

En ese contexto, Bilmes señala la importancia de observar qué ocurre con desarrollos argentinos estratégicos y menciona, entre otros casos, al sector nuclear y al proyecto CAREM.

 

La pregunta de fondo pasa a ser quién conserva el conocimiento y la capacidad tecnológica para intervenir sobre sectores que pueden resultar determinantes en las próximas décadas.

 

La sociología como una ciencia que incomoda


Ante ese escenario, el docente universitario reivindica el papel de las ciencias sociales y particularmente de la sociología como herramienta para comprender estructuras que muchas veces aparecen como naturales.

 

“La sociología, desde el vamos, tiene un potencial importante en términos de desnaturalizar el mundo social, la realidad histórica que nos toca atravesar, la estructura de poder, la estructura de dominación”, explica.

 

Esa mirada permite preguntarse por qué una sociedad funciona de determinada manera y comprender que sus relaciones económicas, políticas y sociales son construcciones históricas y, por lo tanto, susceptibles de transformación.

 

Por eso la define como “una ciencia que incomoda”: una disciplina capaz de interrogar aquello que aparece establecido y analizar los procesos desde diferentes escalas.

 

El desafío de pensar desde las periferias


Sin embargo, Bilmes también plantea una discusión hacia el interior de las ciencias sociales. Considera insuficiente aplicar automáticamente categorías construidas en otras realidades históricas y geográficas para interpretar los problemas argentinos.

 

“Yo creo que el desafío que tenemos es cómo enraizarla y recuperar el rico bagaje de teoría social latinoamericana, de sociología argentina y latinoamericana, el pensamiento desde las periferias, desde el Sur Global”, sostiene.

 

La necesidad adquiere mayor relevancia frente a un mundo donde se profundizan las disputas “por los recursos estratégicos, por los activos, por el conocimiento”.

 

Por eso recupera una formulación asociada al pensamiento nacional: “Aprender a ver el mundo con nuestros propios ojos”. Para Bilmes, producir conocimiento propio también significa construir herramientas para comprender desde qué lugar Argentina participa de esas disputas.

 

Una comunidad científica que busca respuestas


Frente al escenario crítico que describe, el especialista destaca que diferentes sectores científicos y universitarios comenzaron a generar instancias de discusión y organización.

 

Menciona, entre otras experiencias, las Jornadas de Sociología de la UNLP, donde numerosas mesas temáticas permiten discutir problemas de la disciplina y, al mismo tiempo, analizar las transformaciones que atraviesan al país.

 

“Se viene tematizando, problematizando, para abordar los desafíos que implica esta situación tan delicada, tan crítica, que estamos viviendo”, señala.

 

También observa señales de recuperación de determinadas discusiones sobre soberanía, entre ellas Malvinas, el territorio y la extranjerización. “Estamos, me parece, empezando a despertar”, sostiene, aunque reconoce que continúa existiendo “un nivel de crisis de representación importante”.

 

Conocimiento para decidir el futuro


La reflexión de Julián Bilmes termina colocando a la ciencia dentro de una discusión mucho mayor. Satélites, tecnología nuclear, universidades, recursos estratégicos y ciencias sociales pueden parecer ámbitos diferentes, pero comparten una pregunta: qué capacidades propias necesita un país para decidir su futuro.

 

Desde esa perspectiva, defender el sistema científico no supone solamente preservar puestos de trabajo o instituciones. También significa conservar conocimientos acumulados durante décadas y la posibilidad de generar desarrollos tecnológicos propios.

 

A esa defensa el investigador agrega un segundo desafío: recuperar una tradición intelectual argentina y latinoamericana capaz de interpretar las transformaciones mundiales desde nuestra propia posición.

 

En tiempos de competencia tecnológica, disputa por recursos y reconfiguración del poder mundial, su planteo vuelve entonces sobre una idea que atraviesa toda la entrevista: para construir soberanía no alcanza con disponer de recursos; también hace falta conocimiento para comprenderlos, desarrollarlos y decidir qué hacer con ellos.

 

Fuente: Entrevista a Julián Bilmes.

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