Ricardo Gil: “Dame un punto de coincidencia y haremos una patria”
“¿Estamos bien nosotros?”: el estribillo de toda la columna
Gil estructuró su editorial alrededor de una pregunta que fue repitiendo a lo largo de los más de veinte minutos que duró la columna, apelando, según explicó, “a que pensemos juntos, desde la autocrítica y la conciencia, desde la primera persona del plural, desde el nosotros”.
“Nosotros, ¿estamos bien nosotros? ¿Cómo hacer para sacarnos de encima la dependencia para honrar a la patria?”, planteó.
El columnista vinculó esa pregunta con el planteo que había hecho minutos antes Claudio Boada, invitado del programa, sobre la negociación de votos entre la Casa Rosada y los gobernadores: “Nosotros, representados como la avenida Corrientes con el obelisco, desde la capital de un país unitario que se disputa los intereses con las provincias y, como decía recién Claudio, negocia los votos con los gobernadores, de cosas trascendentes: de concentración de la riqueza, de aumento de tarifas, de congelamiento de jubilaciones”, señaló.
El asado y la yerba, símbolos de una época que se aleja
Para graficar el impacto de la suba de precios en la vida cotidiana, Ricardo apeló a dos costumbres muy arraigadas en la cultura argentina: compartir un mate y un asado sin pensar en el costo.
“¿Estamos bien nosotros hoy como para compartir unos mates sin considerar el precio de la yerba? ¿Estamos bien nosotros hoy como para compartir un asado en familia, con amigos y amigas, sin considerar el precio de la carne? Acuérdense que hubo épocas que lo hacíamos y no nos fijábamos ni en el precio de la yerba ni en el precio de la carne”, planteó.
El columnista relacionó esa pérdida de poder adquisitivo con lo que definió como un odio social “creado y magnificado” a lo largo de la historia argentina, desde la sanción de la Constitución de 1949 hasta la persecución al peronismo.
“Abrigarse más”: la crítica a los llamados a reducir el consumo
Gil cuestionó con dureza los pedidos oficiales de bajar el consumo de gas y electricidad, y los comparó con un episodio similar durante la presidencia de Mauricio Macri.
“¿Estamos bien nosotros hoy para calefaccionarnos en estos días de tanto frío climático y frío mental, cuando el vocero actual dijo que habrá que bajar la llave del gas y pensar en abrigarse más? ¿O como cuando el propio Macri, siendo presidente, dijo que estaban en camiseta y en medias caminando por sus casas a 24 grados?”, ironizó.
El columnista sostuvo que ese tipo de mensajes proviene, a su entender, “de un gobierno que sólo se sirve del Estado para hacer más concentrada la riqueza de una minoría y hacer más pobres a la gran mayoría de argentinos y argentinas”, incluyendo, según dijo, a sectores de la clase media que hoy respaldan ese modelo.
Deuda, informalidad y “menos trabajo”
Uno de los ejes más duros de la columna estuvo relacionado con el endeudamiento de los hogares para afrontar el pago de los servicios.
“¿Estamos bien nosotros hoy para calefaccionarnos menos y abrigarnos más, sin pensar en esos costos y las facturas que ascienden mes a mes, y nos angustian a tantos para no poder pagarlas, o tener que salir corriendo en el último vencimiento a buscar fondos, endeudándonos para pagarlas y evitar el corte por un mes más?”, preguntó.
El periodista también hizo referencia al deterioro de las condiciones laborales: “Para nosotros no hay plata y hay menos poder adquisitivo, para muchos más deudas y menos trabajo, o para otros más trabajo, como esclavos, con dieciséis horas por día, de domingo a domingo, pero sos emprendedor, sos autónomo, a lo sumo monotributista. Ya superamos el 50 por ciento del trabajo en la informalidad”, remarcó.
Viktor Frankl y la resiliencia frente al ajuste
En un giro más reflexivo, el columnista recurrió a la figura del psiquiatra austríaco Viktor Frankl, sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz, para pensar cómo atravesar el momento económico y social actual.
“Desde una visión psicológica, filosófica o incluso de resiliencia, Viktor Frankl dice que nuestro poder para ser felices reside en el espacio que hay entre el estímulo que recibimos y nuestra respuesta. Pocas personas pueden ilustrarnos mejor que él, sobreviviente de Auschwitz, y para él la clave está en cómo reaccionamos ante lo que nos sucede”, explicó.
Consumidores con poder adquisitivo, pero sin conciencia de clase
Ricardo Gil retomó una idea que había compartido minutos antes el dirigente social Boada en la misma emisión, sobre el pensador boliviano Álvaro García Linera, para reflexionar sobre los límites de los gobiernos populares.
“Mientras disfrutamos de gobiernos progresistas que nos dieron mejoras, nos incorporaron derechos y nos dieron mejor calidad de vida en la búsqueda de igualdad de condiciones, el gran drama es que no transformamos esos consumidores en ciudadanos, no los transformamos políticamente. Creamos consumidores con capacidad adquisitiva, que pasan a ser el producto de consumo, y no creamos ciudadanos con conciencia de clase”, sostuvo.
Para cerrar la idea, citó una frase del pensador nacional Arturo Jauretche: “Como decía Jauretche: dame un punto de coincidencia y haremos una patria. Busquemos esos puntos de coincidencia”, propuso.
La herencia que viene: deuda, FMI y soberanía
El columnista dedicó un tramo extenso a lo que definió como la futura “herencia” que dejará la actual gestión, en referencia al endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional.
“Esta herencia hay que pensarla como instrumento de subordinación, no como problema financiero, sino como mecanismo para el cual otros deciden: el Fondo Monetario Internacional mediante, deciden sobre nuestro presupuesto, nuestras prioridades y nuestra política, deciden sobre nuestra soberanía”, afirmó.
En esa misma línea, cuestionó lo que calificó como una matriz productiva basada en la exportación de materias primas sin procesar: “Exportamos materia prima barata, importamos el valor agregado que podríamos generar acá. Por eso debemos repensar esta sumisión tecnológica: no producimos lo que consumimos, no controlamos los datos que generamos y no decidimos sobre los recursos del futuro”, planteó.
Reconstruir la Argentina: la alianza de los tres capitales
Hacia el final de la columna, Gil esbozó una propuesta para lo que llamó la “reconstrucción de una nación soberana”, basada en la articulación entre distintos actores económicos.
“Deberemos generar la alianza de los representantes del capital estatal, del capital privado y del capital social, todos socios necesarios de un proyecto nacional que no debería quedar condicionado por nadie ni tener que pedirle permiso para existir a nadie”, propuso.
En ese marco, remarcó la necesidad de fortalecer el consumo interno como forma de reducir la dependencia externa: “Recuperar el mercado interno, revitalizarlo, de manera que un pueblo que consume responsablemente lo que produce es un pueblo que no depende de ciertas importaciones, y además creceríamos”, sostuvo.
El columnista también incluyó una mirada regional, señalando a los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y de Claudia Sheinbaum en México como referencias que “nos generan esperanza a aquellos que pensamos en la patria grande”.
Un cierre a pura música y esperanza
Gil cerró su columna insistiendo en que, más allá del desánimo, “no podemos resignarnos a la entrega” y que hace falta, en sus palabras, “construir colectivamente” una salida desde la organización popular.
“No podemos resignarnos a la entrega, debemos hacer más patria. Hagamos patria”, remarcó, antes de invitar a pensar en los espacios de encuentro cotidiano —una mesa compartida, una partida de truco, un partido de fútbol entre amigos— como forma de sostener el vínculo comunitario frente al individualismo.
El editorial concluyó, como es habitual en su columna, con la canción “Somos”, de la banda argentina Rally Barrio Nuevo, cuya letra recorre imágenes de resistencia, utopía y compromiso colectivo. Por tratarse de una obra registrada, esta nota no reproduce su letra, aunque su elección funcionó como cierre coherente con el llamado a la unidad y la dignidad que atravesó toda la columna.
Fuente: Columna editorial de Ricardo Gil, co-conductor del programa SOS Señal de Radio, transmitido junto a Gustavo Pezzetta.
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