Salud mental, comunidad y subjetividad, la mirada de Natalia Copertino
Salud mental, instituciones y malestar subjetivo
“En el campo de la salud mental, especialmente en instituciones públicas, quienes desarrollan sus prácticas se ven interpelados por la tarea de acompañar y construir respuestas frente al malestar subjetivo”.
Desde esa definición inicial, Natalia Copertino sitúa uno de los grandes debates contemporáneos dentro de las políticas de salud mental.
La directora de Salud Mental de Villa María sostiene que las prácticas institucionales no pueden reducirse solamente a protocolos o normas administrativas.
Por el contrario, considera que el trabajo cotidiano se construye en equipos, dispositivos y estrategias concretas que intentan responder a padecimientos profundamente humanos.
La Ley de Salud Mental como cambio de paradigma
La especialista remarca la importancia de la Ley Nacional de Salud Mental sancionada en 2010.
“La Ley Nacional de Salud Mental encarna un paradigma que propone un abordaje interdisciplinario, intersectorial y comunitario”, afirma.
Para la psicóloga, la legislación no solamente reorganiza dispositivos sanitarios, sino que propone otra forma de comprender el sufrimiento subjetivo y las intervenciones posibles.
La normativa impulsa la articulación con distintas áreas del Estado y se orienta por principios de Atención Primaria de la Salud.
Según desarrolla la profesional, el objetivo central es fortalecer, restituir y promover lazos sociales.
Interdisciplina y trabajo colectivo
Copertino retoma desarrollos teóricos de Alicia Stolkiner para profundizar el concepto de interdisciplina.
“La interdisciplina no es la suma de saberes, sino un verdadero cruce entre disciplinas”, cita textualmente.
Desde esa perspectiva, la referente en salud mental explica que ningún saber puede pretender completud frente a problemáticas sociales complejas.
La multicausalidad de los padecimientos exige construir espacios de encuentro y trabajo compartido.
Para la profesional, en contextos de crisis sociales y económicas, resulta fundamental evitar la fragmentación de las intervenciones.
También plantea la necesidad de sostener redes comunitarias capaces de responder frente a los avatares de la época.
Derechos humanos y singularidad subjetiva
Uno de los ejes más profundos del escrito aparece cuando la especialista introduce la tensión entre derechos universales y padecimientos singulares.
“Todos somos iguales ante la ley, pero ¿cómo alojar lo más íntimo de cada padecimiento en las instituciones?”.
La pregunta atraviesa buena parte de su reflexión.
También agrega otra inquietud central.
“¿Cómo sostener una escucha singular en tensión con lo institucional?”.
La directora de Salud Mental sostiene que el desafío consiste en que el marco de derechos funcione como condición de acceso y no como una estructura que termine anulando la singularidad del sujeto.
El analista ciudadano y la implicancia en lo social
Copertino recupera aportes de Eric Laurent para pensar el rol del psicoanálisis dentro de las instituciones públicas.
“La posición de Analista ciudadano es una invitación a los analistas a entrar e insertarse en los dispositivos de salud mental”, señala.
La especialista explica que no se trata de un analista aislado o encerrado en una práctica privada desvinculada de lo social.
Por el contrario, habla de un profesional “abierto a las contingencias y a los impasses”.
Alguien capaz de implicarse en lo colectivo sin diluirse completamente en la lógica institucional.
Para la psicóloga, allí aparece una articulación compleja entre normas generales y particularidades subjetivas.
Una posición “éxtima” dentro de las instituciones
Otro concepto central del escrito es el de extimidad, retomado desde desarrollos de Juan Mitre y Jacques Lacan.
“Ni dentro ni fuera del todo, sino en un borde que permite leer sin quedar capturado”, escribe la profesional.
La especialista sostiene que el analista necesita ocupar un lugar que le permita abrir preguntas, alojar la sorpresa y evitar que los protocolos obturen la emergencia de lo singular.
También advierte sobre otro riesgo.
“Evitar quedar hablando solos”.
La reflexión apunta a construir intervenciones que dialoguen con otros saberes y otras disciplinas sin perder la especificidad clínica.
Instituciones atravesadas por la urgencia
La referente villamariense describe además las dificultades cotidianas que atraviesan especialmente las instituciones estatales.
“Predomina la urgencia y la falta de tiempo”, sostiene.
Frente a esa lógica acelerada, la intervención analítica puede introducir un corte o un hiato que habilite otro tiempo posible dentro del funcionamiento institucional.
Para Copertino, se trata de construir espacios donde el deseo no quede completamente aplastado por la burocracia.
“Una intervención que se opone a la estandarización del deseo”, afirma.
Lo colectivo y lo íntimo como tensión permanente
La profesional define el trabajo en salud mental como una práctica en tensión constante.
“Entre normas y singularidad, entre urgencia y tiempo lógico, entre lo colectivo y lo íntimo”.
Allí ubica el núcleo central del desafío clínico e institucional.
Sostener intervenciones que no renuncien al sujeto singular aun dentro de dispositivos atravesados por exigencias administrativas, tiempos limitados y protocolos generales.
Desde esa mirada, el psicoanálisis aparece no solamente como una práctica clínica, sino también como una forma de intervención política y social dentro de las instituciones públicas.
Salud mental, comunidad y nuevas preguntas para la época
La directora de Salud Mental plantea además que los contextos actuales obligan a revisar permanentemente las prácticas institucionales.
Las crisis sociales, económicas y culturales impactan directamente sobre los modos de padecimiento y sobre las formas de intervención.
Por eso insiste en la necesidad de construir dispositivos flexibles, abiertos a lo inesperado y capaces de sostener conversaciones interdisciplinarias.
La especialista considera que las instituciones deben poder soportar lo diverso, lo incierto y aquello que no encaja completamente en categorías preestablecidas.
Una reflexión sobre el presente de la salud mental
El escrito de Natalia Copertino deja una conclusión que excede el campo estrictamente clínico.
Pensar la salud mental hoy implica discutir cómo las instituciones alojan el sufrimiento, cómo se construyen redes comunitarias y cómo se articulan derechos universales con historias singulares.
En un contexto atravesado por urgencias, burocracias y crisis sociales, la especialista propone recuperar espacios de escucha, trabajo colectivo e intervención interdisciplinaria.
Su planteo busca reflexionar sobres las normativas y las políticas públicas.
Busca recordar que detrás de cada protocolo existe una subjetividad concreta que necesita ser escuchada sin quedar reducida a una categoría administrativa.
Y allí, sostiene la profesional, se juega todavía la posibilidad de una práctica que no renuncie al sujeto.
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