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Sebastián Tonelli: “Las convicciones nos permitieron sobrevivir a todas las crisis”

Es uno de los dirigentes históricos del cooperativismo argentino con fuerte arraigo en el interior del país, particularmente en Río Cuarto. Con más de cinco décadas de participación en el movimiento cooperativo, fue protagonista de procesos clave como la transformación de las cajas de crédito en bancos cooperativos durante la dictadura, las fusiones que permitieron sostener entidades financieras regionales y la consolidación del actual Banco Credicoop. En esta entrevista repasa las principales etapas de resistencia del cooperativismo, reflexiona sobre la economía social y solidaria y analiza los desafíos que enfrenta el sector en la actualidad.

Un encuentro casual que cambió una vida

 

La historia de Sebastián Tonelli dentro del cooperativismo comenzó de una manera inesperada. A fines de la década de 1960, mientras daba sus primeros pasos con un pequeño negocio propio, atravesaba una situación común para muchos emprendedores de la época: necesitaba financiamiento para crecer y ningún banco estaba dispuesto a acompañarlo.

 

Venía de trabajar en relación de dependencia en distintas empresas y, al mismo tiempo, proyectaba construir su vivienda y consolidar un futuro para su familia. En ese contexto apareció la Caja de Crédito de Río Cuarto, una institución que hasta ese momento desconocía.

 

“Me dieron crédito, me facilitaron un montón de cosas”, recuerda.

 

Aquella experiencia lo marcó profundamente. Tanto que decidió involucrarse activamente en la entidad para devolver parte de la ayuda recibida.

 

“Les dije: ustedes me han ayudado tanto a mí que necesito saber en qué puedo colaborar”, cuenta.

 

A partir de ese momento comenzó una trayectoria que ya supera los cincuenta años dentro del movimiento cooperativo argentino.

 

Las cajas de crédito como motor de las economías regionales

 

El dirigente riocuartense sostiene que muchas veces se subestima el papel que tuvieron las cajas de crédito en el desarrollo de las comunidades del interior. Aquellas entidades no sólo prestaban dinero. También financiaban proyectos productivos, acompañaban a pequeños comerciantes, fortalecían cooperativas de servicios públicos y permitían que numerosas iniciativas locales encontraran una herramienta financiera accesible.

 

“Eran el aparato esencial para el desarrollo del movimiento”, afirma.

 

Según explica, las cajas de crédito funcionaban como una red de apoyo económico para sectores que no encontraban respuestas en el sistema bancario tradicional. Cooperativas eléctricas, cooperativas de trabajo, entidades agrarias, pequeños empresarios, almaceneros y comerciantes locales encontraban allí una posibilidad concreta de crecimiento.

 

Por eso, cuando las cajas de crédito fueron amenazadas, no sólo estaba en juego una institución financiera. También se ponía en riesgo una parte importante del entramado económico y social de numerosas localidades del país.

 

La dictadura y el intento de excluir al cooperativismo

 

Cuando se le pregunta por los momentos más difíciles que atravesó el movimiento cooperativo, Tonelli ubica inmediatamente a la última dictadura militar. La nueva Ley de Entidades Financieras dejaba afuera a las cooperativas de crédito y amenazaba directamente su continuidad.

 

“Directamente nos desechaban del sistema financiero”, recuerda.

 

Sin embargo, lejos de resignarse, el movimiento decidió organizarse y resistir. El Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos tuvo un papel central en esa estrategia, articulando a entidades de todo el país para enfrentar una legislación que buscaba concentrar el sistema financiero y eliminar la experiencia cooperativa.

 

“El sentido no individualista, sino el sentido colectivo, el sentido solidario y la ayuda mutua nos permitieron subsistir”, explica.

 

Las movilizaciones fueron masivas y abarcaron todo el territorio nacional. “Movilizamos muchísima gente desde el norte al sur y desde el este al oeste del país”, señala.

 

El dirigente recuerda incluso reuniones con representantes de las Fuerzas Armadas para defender la continuidad del sector. Y no olvida el contexto de aquellos años.

 

“Te imaginás en qué momento estábamos viviendo, de dificultades también de poder perder la vida en esta movilización a la dictadura”, afirma.

 

La transformación de las cajas en bancos cooperativos

 

La presión ejercida por la dictadura obligó al movimiento a buscar alternativas para sobrevivir. Finalmente se habilitó la posibilidad de constituir bancos cooperativos, aunque bajo condiciones extremadamente exigentes.

 

Los capitales mínimos requeridos eran muy elevados y los plazos resultaban ajustados. Muchos creían que el cooperativismo no lograría superar ese desafío.

 

Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Las cajas comprendieron que la única forma de sostenerse era integrarse.

 

“La capacidad de actuar juntos fue fundamental”, sostiene.

 

A través de ese proceso nacieron más de ochenta bancos cooperativos en todo el país, producto de la unión de entidades que decidieron privilegiar el interés colectivo por encima de cualquier diferencia particular.

 

5. Banco Cicor y la experiencia cooperativa en Córdoba

 

Dentro de ese proceso de integración, Tonelli recuerda especialmente la experiencia del Banco Cicor. La entidad se conformó a partir de distintas experiencias cooperativas del sur cordobés y llegó a tener presencia en localidades como General Cabrera, Elena, Berrotarán, Alcira Gigena, Los Cóndores y otras comunidades de la región.

 

Aquellos años estuvieron marcados por una fuerte participación de dirigentes locales comprometidos con el desarrollo territorial. Sin embargo, durante la década de 1990 las economías regionales comenzaron a sufrir un fuerte deterioro.

 

La apertura económica, la concentración financiera y la llegada de grandes grupos bancarios pusieron nuevamente en riesgo a las entidades cooperativas. Frente a ese escenario, la respuesta volvió a ser la integración.

 

“Lo que siempre prevaleció fue la voluntad de subsistir colectivamente”, resume.

 

Ese camino derivó finalmente en la incorporación de numerosas experiencias regionales al Banco Credicoop.

 

Credicoop frente a las grandes crisis argentinas

 

La conversación también recorre los momentos más complejos de la economía argentina. Entre ellos, la crisis financiera de 2001 ocupa un lugar destacado.

 

Tonelli recuerda que, mientras muchas entidades bancarias cerraban sus puertas o colocaban barreras para contener la reacción de los ahorristas, Credicoop tomó una decisión distinta.

 

“Fue el único banco que no tapialó”, afirma.

 

La estrategia consistió en sostener el diálogo con los asociados y brindar explicaciones claras sobre la situación. Según el dirigente, la confianza construida durante décadas permitió atravesar aquella crisis sin romper el vínculo con la comunidad.

 

Para él, esa sigue siendo una de las principales diferencias entre una entidad cooperativa y una institución financiera tradicional.

 

La importancia de sostener presencia en el territorio

 

Uno de los aspectos que más valora el histórico referente cooperativista es la decisión de Credicoop de mantener su presencia en las localidades del interior. Mientras muchas entidades redujeron personal y cerraron sucursales para mejorar indicadores de rentabilidad, el banco cooperativo eligió otro camino.

 

“Nosotros no hemos cerrado ninguna filial y mantenemos la estructura del personal tal cual como estaba”, destaca.

 

Desde su perspectiva, esa decisión expresa una concepción distinta del sistema financiero. No se trata únicamente de generar ganancias. También implica sostener servicios, acompañar a las comunidades y garantizar presencia territorial.

 

Especialmente en localidades donde muchas veces la cooperativa o el banco cooperativo son una de las pocas herramientas de desarrollo disponibles.

 

Qué significa la economía social y solidaria

 

Al momento de definir la economía social y solidaria, Tonelli recurre a su propia experiencia de vida. Más que una definición académica, ofrece una explicación construida desde la práctica cotidiana.

 

“Cuando una persona tiene una necesidad y se siente impotente, busca sectores que la puedan ayudar”, sostiene.

 

Para él, allí nace la cooperación. En la decisión de personas que enfrentan problemas similares y entienden que organizadas pueden encontrar soluciones que individualmente serían imposibles.

 

La ayuda mutua, la solidaridad y el compromiso colectivo aparecen como valores centrales de esa construcción. Por eso entiende que el cooperativismo no es solamente una forma empresarial. También es una forma de relacionarse con los demás y de construir comunidad.

 

Los desafíos actuales del movimiento cooperativo

 

El dirigente observa con preocupación la situación económica que atraviesan numerosas cooperativas y entidades de la economía social. La caída del consumo, las dificultades para sostener servicios y el deterioro del mercado interno aparecen como problemas cada vez más visibles.

 

“La gente no alcanza a pagar los servicios y las cooperativas tienen grandes problemas”, advierte.

 

En ese contexto vuelve a insistir sobre la importancia de la organización colectiva.

 

“Lo que nos puede permitir subsistir es el intercambio y la ayuda mutua”, sostiene.

 

A su entender, los valores que permitieron atravesar la dictadura, las crisis financieras y los procesos de concentración económica siguen siendo herramientas válidas para enfrentar los desafíos actuales.

 

Una mirada crítica sobre el modelo económico

 

Hacia el final de la entrevista, Tonelli comparte una reflexión más amplia sobre el rumbo económico del país. Considera que existe una creciente concentración de beneficios en sectores muy específicos de la economía mientras amplios sectores productivos enfrentan dificultades cada vez mayores.

 

Observa un modelo orientado principalmente a actividades extractivas, financieras y exportadoras, con escaso impacto positivo sobre las economías regionales y las comunidades locales.

 

“Este modelo no contempla para nada el desarrollo de la gente en general”, sostiene.

 

Por eso insiste en que el cooperativismo deberá volver a apoyarse en aquello que históricamente le permitió resistir.

 

  • La solidaridad.
  • La organización.
  • La participación democrática.

 

Y la convicción de que los problemas colectivos encuentran mejores respuestas cuando se enfrentan de manera colectiva.

 

Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.

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