Solidaridad, democracia y futuro: las claves del movimiento cooperativo
El mes de las cooperativas y la idea de otro futuro posible
Durante julio, como cada año, el movimiento cooperativo celebró su día internacional con una convicción que atraviesa su historia: imaginar “otro futuro, otro mundo posible”.
La reflexión presentada por Pablo Herrera partió de esa idea central. El cooperativismo no se limita a conmemorar una fecha, sino que reafirma una forma de mirar la sociedad, la economía y la organización colectiva.
Ese horizonte aparece como “diferente y opuesto al mundo que quiere imponer la nueva tecnoligarquía y la ultraderecha planetaria”. Frente a ese modelo, los cooperativistas sostienen el sueño de “una sociedad más justa”, basada “en la solidaridad, en la verdadera libertad y en la construcción colectiva”.
La referencia al Día Internacional de las Cooperativas permitió recuperar una pregunta de fondo: qué tipo de sociedad se quiere construir en un tiempo marcado por discursos y políticas hostiles a la organización solidaria.
Una época adversa para la organización colectiva
El análisis ubicó al cooperativismo en un contexto complejo. “En el mundo, y especialmente en nuestro país, vivimos un tiempo marcado por políticas y visiones hostiles a la cultura, al cooperativismo y, en general, a todas las formas de organización colectiva y solidaria”.
La frase sintetiza una preocupación compartida por amplios sectores de la economía social. Las cooperativas, las mutuales, las pymes, los espacios culturales, los sindicatos, las asociaciones comunitarias y otras formas de organización social enfrentan un escenario donde muchas veces se cuestiona su legitimidad o se las presenta como obstáculos frente a la lógica del mercado.
Sin embargo, desde la mirada del IMFC, ese contexto no debe llevar a la resignación. Por el contrario, el movimiento cooperativo transformador “mira hacia el futuro” y asume el presente “como un reto ante las nuevas realidades del mundo y del país”.
Ese camino, según el documento citado, debe recorrerse “inspirados en nuestros principios y valores basados en la solidaridad”.
Una crisis que no es natural
Uno de los ejes centrales de la reflexión es el diagnóstico sobre la etapa actual de la sociedad capitalista.
El documento del Instituto sostiene que “la actual fase de la sociedad capitalista atraviesa una inédita crisis social, política, ecológica, energética, sanitaria y cultural”.
Pero esa crisis no es presentada como un accidente inevitable. “No se trata de un fenómeno natural”, sino de “un modo de organización de la producción y de quien se apropia de la riqueza generada por toda la sociedad”.
La idea permite correr el debate del terreno de la fatalidad. La desigualdad, la concentración económica, el deterioro ambiental, la crisis del trabajo y la fragmentación social no aparecen como consecuencias inevitables del tiempo histórico, sino como resultados de decisiones, modelos y relaciones de poder.
Desde esa perspectiva, el cooperativismo propone una forma distinta de organizar la producción, la distribución y la vida económica.
Individualismo, competencia y debilitamiento del tejido social
La reflexión también cuestiona los valores que sostienen ese modelo de organización social.
Para justificar una forma injusta de organización, “los grandes poderes mundiales y de nuestro país exaltan el individualismo, la competencia, la glorificación del mercado, la reivindicación del egoísmo como sentido de la vida misma”.
A ello se suma la legitimación “de la violencia y el odio”, que terminan destruyendo el tejido social.
La crítica apunta al núcleo cultural del problema. No se trata únicamente de políticas económicas, sino también de sentidos comunes que empujan a pensar la vida como competencia permanente y la salida como un camino exclusivamente individual.
Frente a esa mirada, el cooperativismo sostiene otra tradición. La ayuda mutua, la gestión democrática, la solidaridad, la responsabilidad social y la construcción colectiva permiten pensar la libertad no como aislamiento, sino como capacidad de organizarse con otros y otras para resolver necesidades comunes.
Concentración, extranjerización y caída de la producción nacional
El análisis también conectó la crisis social con el rumbo económico.
Según la reflexión recuperada, en el mundo y especialmente en la Argentina se observan “laceraciones en la vida del pueblo” provocadas por modelos económicos que “favorecen y potencian la extranjerización de nuestras riquezas y los recursos naturales”.
A la vez, se despliegan políticas que “acentúan la concentración monopólica”, hacen caer “la producción nacional” y debilitan “el entramado de pymes”.
Esta mirada permite vincular al cooperativismo con la defensa del trabajo, del mercado interno y de la soberanía económica. Las cooperativas no son solo organizaciones de servicios o producción. También forman parte de una disputa más amplia por el sentido del desarrollo.
Cuando se debilita la producción nacional, también se deterioran las economías regionales, las pymes, el empleo y las comunidades. Cuando se concentra la riqueza, se reduce la capacidad de decisión de los pueblos sobre sus propios recursos.
El sueño de una sociedad más justa
En el marco del Día Internacional de las Cooperativas, la reflexión reafirmó el compromiso de seguir sosteniendo “nuestro sueño por un mundo mejor, por una sociedad más justa y solidaria basada en la construcción colectiva”.
Ese sueño no aparece como una consigna abstracta. Tiene una historia, una práctica y una forma concreta de organización.
El cooperativismo demuestra que es posible producir, consumir, financiar, gestionar servicios y construir comunidad desde una lógica distinta a la competencia individualista. Allí donde el mercado concentra, la cooperación distribuye responsabilidades, decisiones y beneficios.
Por eso, la celebración del mes de las cooperativas también permite renovar una definición política, social y cultural: la solidaridad no es debilidad, sino una forma organizada de fortaleza comunitaria.
Un proyecto democrático y civilizatorio
El cierre de la reflexión recupera una afirmación central. “El cooperativismo, con sus dos siglos de historia, es un proyecto auténticamente democrático y civilizatorio”.
La frase sintetiza el sentido profundo del movimiento. No se trata solo de una herramienta económica, sino de una forma de organización social que promueve participación, igualdad, compromiso comunitario y construcción colectiva.
En tiempos donde avanzan discursos que exaltan el individualismo, la competencia y la fragmentación, el cooperativismo vuelve a ofrecer una alternativa concreta. Una forma de pensar el futuro desde la ayuda mutua, el trabajo asociado, la producción nacional, la defensa de los recursos y la construcción de una sociedad más justa.
El mes de las cooperativas ya pasó, pero su mensaje sigue vigente: imaginar otro mundo posible también exige sostener, fortalecer y multiplicar las experiencias solidarias que todos los días construyen comunidad.
Fuente: Intervención de Pablo Herrera para el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y Revista Acción, en el marco del Día Internacional de las Cooperativas.
Fuente: Foto Colegio de Graduados del Cooperativismo y Mutualismo
No hay resultados para mostrar.
Todos los derechos reservados.
v2.24.0

