Un gebelismo sin Gebel
El miercoles de 18 de marzo en el microestadio de Lanús no se lanzó simplemente un espacio político ni tampoco un operativo clamor singular. Se montó una escena. Una escenografía completa, con estética de campaña, con liturgia de acto, con densidad simbólica, pero sin protagonista. O, mejor dicho, con un protagonista ausente que, justamente por su ausencia, ordenó todo lo demás. La omniprecencia opera en este espectáculo político.
El dato no es menor. Un candidato que no aparece, que no habla, que no valida públicamente el acto y que sin embargo ocupa el centro absoluto de la escena. Pantallas, banderas, nombres propios, discursos. Todo orbitando en torno a una figura que no estuvo. Eso no es un error organizativo. Es una construcción política.
El lanzamiento de consolidando Argentina
Una fuerza que intenta existir antes de que exista su candidato. Un dispositivo que ensaya volumen propio sin tener todavía conducción efectiva. Una forma de instalar una figura sin que esa figura se exponga. Y ahí aparece la primera clave de lectura. No se trató solo de un acto. Se trató de un testeo.
El armado que se presentó como el primer encuentro nacional y federal de Consolidación Argentina (1) exhibió una heterogeneidad llamativa. Dirigentes sindicales, figuras políticas con trayectorias dispares, referentes territoriales, nombres conocidos pero sin peso electoral consolidado. No había una estructura orgánica clara. Había más bien una suma de voluntades en búsqueda de dirección.
Porque lo que se expresa ahí es una franja de la política que no encuentra lugar en el esquema actual. No se identifica con la radicalización libertaria, pero tampoco logra reconstruir una alternativa dentro del peronismo clásico ni en sus variantes moderadas. Es un espacio en transición. O, más precisamente, en crisis de representación.
En ese vacío aparece la figura de Gebel como posibilidad. No como decisión, sino como hipótesis abriendo varios interrogantes con su performance. Ahí es donde el acto adquiere una dimensión más profunda. No es simplemente un lanzamiento. Es un intento de interpelación. Hacia afuera, para instalar un nombre. Y hacia adentro, para convencer a ese nombre de que acepte ser candidato.
Porque lo que ocurrió en Lanús también puede leerse como un operativo de presión simbólica. Una forma de decirle al propio Gebel que existe un espacio dispuesto a ordenarse detrás suyo. Que hay estructura disponible, que hay dirigentes dispuestos, que hay una base inicial desde la cual construir.
Pero al mismo tiempo, esa misma operación deja en evidencia la fragilidad del armado. Porque si el candidato no está, si no habla, si no define, todo lo demás queda suspendido. Es una política en potencial, no en acto.
Cinco escenarios con más preguntas que respuestas
1) ¿Estamos frente a un simple sonajero político para desviar la atención y generar ruido en el sistema? ¿Un intento de instalar una figura para medir impacto sin asumir riesgos por parte de armadores marginados? ¿Emerge una forma de producir expectativa sin compromiso masivo pero responsable en cuanto el impacto en la rosca política?
La lógica no es nueva. En un escenario donde la política se volvió cada vez más dependiente de la sorpresa, del impacto y de la irrupción, el armado de candidaturas ya no necesariamente comienza con definiciones, sino con climas o microclimas. Lanús fue, en ese sentido, la construcción de un clima.
2) El intento de recomponer un centro moderado después de su fracaso reciente de Lavagna 2019 y Schiaretti 2023. Un espacio que no logró consolidarse electoralmente, que quedó atrapado entre polos más intensos y que ahora busca reinventarse. No desde la gestión ni desde la tecnocracia, sino desde otra lógica comunicacional.
Una lógica con profundas raices más afectivas, más simbólica, más vinculada a valores, a identidad, a comunidad. Una narrativa de unidad y esperanza pero de alguien que no vive en el país hace tiempo.
En ese marco, la figura de Gebel ofrece algo distinto. No es un político tradicional. No proviene del aparato partidario. Tiene capacidad de comunicación, llegada masiva, construcción de sentido. Pero también encarna un perfil particular. Popular en su forma, conservador en sus valores.
Y eso habilita una tercera hipótesis, quizás la más relevante. 3) La posible fabricación de un outsider del campo popular pero conservador involucrado profundamente con la interna política estadounidense.
No un outsider disruptivo en términos económicos como el que emergió en los últimos años. No alguien que rompa con todo. Sino alguien que pueda canalizar malestar sin desbordar el sistema a su vez siendo parte de otras escalas de debate poniendo en riesgo un interlocutor valido del trumpismo. De este modo, interpela desde lo cercano, desde lo cotidiano, desde lo emocional, pero que al mismo tiempo sostenga ciertos órdenes que superan la lógica nacional.
Una figura que permita salir de la polarización sin desarmar del todo sus estructuras. Si esa es la apuesta, el acto de Lanús fue el primer ensayo. Un ensayo incompleto, con tensiones evidentes, con una construcción todavía débil, pero con una intención clara.
Lo que no está claro es si ese proceso tiene viabilidad. Porque hay un problema de origen. 4) El dispositivo político existe antes que la decisión del candidato. Y eso invierte la lógica clásica. No hay liderazgo que organice. Hay estructura que busca liderazgo.
Y en esa inversión se juega todo. Si Gebel decide avanzar, el espacio tendrá que reconfigurarse rápidamente para no quedar como una suma de nombres sin coherencia. Si no avanza, lo de Lanús quedará como un gesto fallido, como una escena sin continuidad.
Pero incluso en ese caso, el dato político ya quedó instalado. Hay sectores que no encuentran representación en la grieta actual. Hay dirigentes que buscan una salida intermedia. Entre ellos según Perfil aparecen Pedro Villarreal, referente de la union nacional de clubes de barrio, "José Minaberrigaray, titular del sindicato textil (SETIA) y uno de los fundadores del espacio; Miguel Ponzo, secretario Gremial a nivel nacional de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN); así como los empresarios marplatenses Ariel Frías y Leonardo Flota" (2).
Además aparecen otros dirigentes en calidad de invitados como Juan Pablo Grey, secretario general de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, Eugenio Casielles, legislador corteño y ex armador del Milei, el secretario de Relaciones Institucionales y de Público de Córdoba, Mariano Almada, la dirigente peronista Graciela Camaño, el ex futbolista Walter Ervitti. Asi queda en evidencia que hay intentos de construir una alternativa que no sea ni ruptura total ni continuidad pura.
A este cuadro se suma un 5) el último escenario que no puede ser ignorado. La eventual irrupción de Gebel no solo impactaría en el reordenamiento del centro moderado, sino que también podría disputar directamente parte de la base electoral de Javier Milei. No en términos ideológicos estrictos, sino en el plano más profundo de la interpelación simbólica. Una figura con llegada popular, lenguaje emocional y referencias conservadoras puede capturar sectores que hoy adhieren al libertarismo más por rechazo al sistema que por convicción doctrinaria.
Pero al mismo tiempo, esa misma operación puede leerse en sentido inverso. Como la posible construcción de una alternativa guionada desde una contrahegemonía que no busca romper el esquema, sino reabsorber votos de derecha y centro derecha dentro de un formato más administrable, más previsible, más compatible con las lógicas tradicionales de poder. En ese sentido, el fenómeno no sería completamente nuevo. Tendría puntos de contacto con el propio surgimiento de Milei, pero en versión corregida, contenida y eventualmente funcional a una nueva etapa del sistema político.
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