Una casa, nuevas raíces y una emoción difícil de explicar de Irene
La emoción de Irene aparece desde el primer momento. Cuando le preguntan qué siente, responde con una frase sencilla pero cargada de sentido. “Es emocionante, muy emocionante, porque es como que lo que uno quiere y está esperando, nunca sabe si está realmente cerca”.
Ese tiempo de espera, de dudas y expectativas, forma parte del camino de muchos socios de la Cooperativa Horizonte. Irene cuenta que había hablado con Marina y que sentía que la posibilidad estaba cerca, aunque todavía no quería ilusionarse del todo. “Nunca te querés jugar con la idea si realmente va a estar”.
La adjudicación llegó y con ella también una reflexión profunda sobre el sentido de la casa propia. “Para mí siempre tener casa es como, tenés casa, sos persona”. Luego completa la idea con una imagen muy potente. “No tenés casa y sos un papelito, una hojita en el viento”.
En sus palabras, la vivienda aparece como algo más que una construcción. Es pertenencia, estabilidad y anclaje. “Tener casa es como que tenés raíces”, afirma.
Irene también contó que ya había tenido una vivienda, pero luego de su divorcio esa casa quedó para sus hijos. Actualmente vive junto a ellos, por elección familiar. Sin embargo, esta nueva adjudicación abre otra etapa. “Ahora voy a tener mi casa”, dice con una alegría tranquila.
Su testimonio resume el sentido más humano del cooperativismo habitacional. La casa propia no es solamente una meta económica. Es la posibilidad de volver a echar raíces, ordenar la vida y sentirse parte de un lugar.
Fuente: Testimonio de Irene Fumero, cobertura Esfera Asociativa – Revista Vértices.
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