Una plaza, más de 400 voces, múltiples identidades y una misma defensa de la tierra
Una convocatoria que desbordó a sus organizadores
El frío de la tarde de agosto no impidió que más de 400 personas se acercaran a la concentración y posteriormente marcharan alrededor de la plaza. La bandera argentina ocupó un lugar central en una movilización cuyo reclamo se concentró en la defensa de la tierra y la soberanía.
Entre los convocantes tuvieron una participación significativa gremios, organizaciones sociales y expresiones políticas vinculadas con la centroizquierda y la izquierda. Ese dato forma parte de la composición de la jornada, pero no necesariamente alcanza para explicar a toda la concurrencia.
Precisamente allí aparece uno de los elementos políticos más relevantes. La capacidad de una organización o de un conjunto de organizaciones no se mide solamente por movilizar a quienes ya pertenecen a sus estructuras, sino también por interpretar preocupaciones que circulan por fuera de ellas.
La presencia alcanzada permite considerar que, al menos durante esa jornada, los convocantes lograron traducir en acción colectiva una sensibilidad que excede las fronteras partidarias tradicionales.
No significa que las más de 300 personas presentes compartieran una misma ideología, una misma pertenencia o idéntica interpretación sobre la coyuntura nacional. Lo que compartieron fue una determinada posición frente a la discusión sobre la tierra.
Cuando la bandera nacional desplaza las etiquetas partidarias
La presencia de banderas argentinas aportó otro sentido a la movilización. La discusión dejó de quedar exclusivamente asociada con las organizaciones que habían convocado para adquirir una dimensión ligada con territorio, soberanía y patrimonio nacional.
Ese desplazamiento resulta particularmente importante en Córdoba, donde las relaciones entre el asociativismo, el movimiento sindical, diferentes organizaciones sociales, el peronismo, la centroizquierda y las izquierdas presentan históricamente acuerdos circunstanciales, distancias y contradicciones.
Por eso, reducir lo ocurrido a una “marcha de izquierda” significaría perder una parte del fenómeno. Las organizaciones tuvieron capacidad de convocatoria y estructura, pero el interrogante político más interesante es qué preocupación lograron interpretar para conseguir que cientos de ciudadanos decidieran ocupar el espacio público.
En ese sentido, la movilización puede entenderse como una convergencia circunstancial: identidades diferentes reunidas alrededor de una cuestión concreta.
Movilizarse incluso después de cambiar el escenario
Otro elemento particular fue el momento elegido. La concentración se sostuvo aun cuando el proyecto que había originado la reacción ya había perdido fuerza y la discusión comenzaba a desplazarse hacia la posición de los gobernadores y las decisiones que debían tomarse en el Senado.
Esto modifica parcialmente el significado de la convocatoria.
La concentración dejó de funcionar únicamente como una acción inmediata destinada a impedir una modificación legislativa y adquirió también el carácter de una manifestación pública sobre los límites que parte de la ciudadanía pretende establecer frente a eventuales cambios en la legislación vinculada con la propiedad de la tierra.
Que cientos de personas mantuvieran la convocatoria pese a la modificación del escenario nacional constituye, por sí mismo, un dato político. La movilización sobrevivió parcialmente al acontecimiento que la había originado. Además de soportar el frio de una tarde de agosto en horario que muchos trabajan, por lo que se pude opinar que el encuentro a pesar de restricciones fue éxito.
El saludo de Accastello: un abucheo puntual
Durante el acto se anunció un saludo enviado por Eduardo Accastello. En ese momento se escucharon abucheos provenientes de una parte de la concentración. Se puede contextualizar la escena: no fue un rechazo generalizado ni constante durante toda la jornada. La reacción apareció específicamente cuando se transmitió el saludo del intendente y luego la actividad continuó.
Tampoco sería correcto transformar ese episodio en un rechazo de las más de 400 personas hacia el jefe municipal. Sí constituye un dato político que una parte de los presentes haya recibido de esa manera su adhesión.
Para algunos participantes, el mensaje pareció sentirse tan frío como aquella tarde de agosto: institucionalmente cercano a la convocatoria, pero políticamente distante de la plaza.
La diferencia es significativa. Un saludo expresa acompañamiento; la presencia expresa involucramiento. En determinadas coyunturas, quienes se movilizan pueden establecer una distancia considerable entre ambas cosas. Sí destacaron la presencia de otros dirigentes institucionales que estuvieron en la actividad como el Auditor R. Sachetto y la concejal S. Irusta.
Una relación históricamente difícil de condensar
El episodio tampoco puede separarse completamente de la relación histórica entre Accastello y diferentes sectores de la izquierda y la centroizquierda villamariense.
A lo largo de los años existieron coincidencias puntuales, acercamientos institucionales y agendas compartidas, pero también diferencias que hicieron compleja la construcción de una unidad de acción sostenida. No se trata necesariamente de dos espacios permanentemente enfrentados, sino de universos políticos que encuentran puntos de contacto sin terminar de compartir una misma identidad ni una misma lectura sobre el poder local.
El escenario nacional agregó una nueva complejidad.
Durante el último período, Accastello comenzó a endurecer progresivamente sus críticas hacia Javier Milei y determinadas políticas del Gobierno nacional. Sin embargo, para sectores que reclaman una oposición más definida e intensa, esa ofensiva puede ser interpretada como tardía y todavía insuficiente para reconstruir una confianza política que no se produce automáticamente mediante declaraciones.
Desde esta perspectiva, el abucheo no necesita interpretarse exclusivamente como una reacción personal contra el intendente. Puede expresar también una demanda de coherencia, oportunidad y mayor definición frente al escenario nacional.
El saludo fue institucional; la recepción, en cambio, estuvo atravesada por una memoria política acumulada. Los sectores de la izquierda y la centroizquierda villamariense pueden representar, en términos estrictamente electorales, un caudal insuficiente para definir por sí solos una elección. Sin embargo, su capacidad de influencia excede ampliamente esa dimensión númerica.
Muchos de sus referentes participan de espacios de formación de opinión, ámbitos educativos, culturales y artísticos, y mantienen una presencia sostenida en barrios e instituciones intermedias de la ciudad, como clubes, organizaciones sociales, sindicatos, iglesias y asociaciones civiles. En ese sentido, las raíces del progresismo villamariense parecen tener más intensidad en la vida cotidiana que extensión en términos electorales: no siempre se traducen en mayorías en las urnas, pero sí en capacidad para instalar debates, organizar sensibilidades y disputar sentidos dentro de la comunidad.
La plaza y las múltiples identidades
Los partidos, gremios y organizaciones sociales fueron actores centrales para producir la convocatoria. Sin esa estructura, posiblemente la movilización no habría alcanzado las mismas dimensiones. Reconocerlo no implica afirmar que todas las personas presentes compartieran su programa político y social.
Ese puede haber sido, precisamente, uno de los principales logros de la jornada: una estructura política determinada consiguió expresar durante algunas horas una preocupación que no le pertenece exclusivamente.
La defensa de la tierra puede encontrar fundamentos diferentes según quién la sostenga. Para algunos puede formar parte de una tradición nacional y popular; para otros, de posiciones progresistas, ambientalistas o de izquierda; y para ciudadanos sin identificación partidaria puede simplemente significar la necesidad de conservar límites frente a la extranjerización o concentración de un recurso considerado estratégico.
La plaza reunió esas diferencias sin necesariamente resolverlas.
Una señal que también debería leer la dirigencia
Lo significativo fue que más de 400 personas soportaron una tarde fría para manifestar públicamente una posición cuando la urgencia legislativa que había originado la convocatoria ya se había modificado.
Eso no convierte a la concentración en representación de toda Villa María ni permite trasladar automáticamente sus posiciones al conjunto de la ciudadanía. Pero tampoco permite reducirla a una expresión marginal o exclusivamente partidaria.
Hubo organizaciones capaces de convocar, ciudadanos dispuestos a acompañar y una bandera nacional que funcionó como elemento común entre identidades diferentes.
Y allí aparece quizá la principal enseñanza política de la jornada: cuando una demanda consigue trascender las fronteras de quienes inicialmente la impulsaron, la dirigencia debería prestar atención no solamente a las banderas partidarias que encabezan una marcha, sino al sentimiento social que consiguió ponerlas en movimiento.
El episodio con Accastello forma parte de esa lectura, pero no la agota. La plaza no habló solamente sobre un intendente, ni solamente desde la izquierda. Habló sobre tierra, soberanía, presencia política y representación.
En una época atravesada por identidades fragmentadas, esa capacidad de reunir diferencias alrededor de una preocupación común quizá sea el dato más contundente que dejó la tarde villamariense.
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