Vacaciones y equilibrio la mirada de Gerardo Piva sobre cómo cuidarse sin excesos
El valor de la regularidad incluso en tiempos de descanso
Las vacaciones suelen ser vividas como un paréntesis necesario frente a la exigencia cotidiana. Cambian los horarios, se relajan las rutinas y aparecen nuevos paisajes, comidas y encuentros sociales. En ese contexto, la pregunta por el ejercicio físico vuelve a aparecer, muchas veces atravesada por la culpa o por la idea de que descansar implica dejar de moverse. Para Gerardo Piva, esa dicotomía es falsa.
“La práctica de ejercicio, el movimiento sostenido y la actividad física tienen beneficios biológicos, fisiológicos y metabólicos cuando se realizan de carácter regular”
El especialista remarca que el cuerpo responde positivamente al movimiento, pero aclara que esos beneficios no son automáticos ni permanentes si no se sostienen en el tiempo. Durante la práctica aparecen adaptaciones agudas que mejoran el funcionamiento del organismo, pero si el ejercicio se abandona por completo, esas mejoras se disipan.
“Cuando uno sostiene en el tiempo el ejercicio, esas adaptaciones se transforman en crónicas y contribuyen a la calidad de vida”
Por eso, uno de los puntos centrales de su recomendación es evitar los cortes abruptos. Las vacaciones no deberían ser un abandono total de la actividad, sino un momento de ajuste.
Disfrutar sin excesos una forma saludable de entrenar en verano
Piva entiende el descanso como una necesidad legítima. Relajarse, compartir tiempo con la familia, disfrutar de la gastronomía regional y desconectarse del estrés anual forman parte del bienestar. Pero advierte que ese disfrute no tiene por qué ser incompatible con el cuidado del cuerpo.
“Hay que hacer un equilibrio. Relajarse, distenderse, disfrutar, pero mantener por lo menos una cuota mínima de ejercicio durante ese período”
Desde su perspectiva, el movimiento en vacaciones no debe ser rígido ni obsesivo. Basta con estimular las capacidades físicas asociadas a la salud, especialmente la fuerza y el trabajo cardiorrespiratorio, que son claves para sostener el funcionamiento del organismo.
“Fundamentalmente trabajar lo que tiene que ver con la fuerza y el trabajo cardio. No cortar, no parar”
El profesional también pone el foco en un error frecuente. Personas sedentarias que, al disponer de tiempo libre, intentan hacer en pocos días todo lo que no hicieron durante el año.
“Si uno no está entrenado, el proceso tiene que ser gradual. No se puede de un día para el otro”
En ese sentido, comenzar a moverse en vacaciones puede ser una excelente decisión, siempre que se haga sin exigencias desmedidas y escuchando las señales del cuerpo. El entrenamiento, recuerda Piva, es un proceso que se construye con constancia, no con impulsos.
El verano, además, exige cuidados específicos. El calor, la hidratación, la ropa adecuada y los horarios elegidos influyen directamente en la respuesta del cuerpo al ejercicio. Entrenar en momentos de menor exposición solar y sostener una buena hidratación son medidas simples que previenen riesgos innecesarios.
Para cerrar, Piva sintetiza su propuesta en una idea que atraviesa todas sus intervenciones públicas.
“Las vacaciones son para desconectar, cargar energías y hacer algo distinto. El ejercicio tiene que ser parte de eso, de forma distendida, para sostener los beneficios logrados durante el año”
Moverse, entonces, no como mandato ni como castigo, sino como una práctica que acompaña el descanso y prepara el cuerpo para lo que viene. Una invitación a pensar la actividad física no desde el exceso, sino desde el equilibrio.
Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.
Redacción
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