De un ensayo inesperado a cinco veces la mejor pasista y el barrio Sarmiento como bandera
Bailarina de los carnavales de Villa Nueva, representante del Barrio Sarmiento, madre y emprendedora. Lleva siete años en la comparsa y ya recibió cinco veces la mención a mejor pasista, un recorrido sostenido que no se explica solo por el baile sino por el trabajo colectivo, la cultura popular y una comunidad que empuja detrás de cada traje, cada ensayo y cada viaje.
Autor
Redacción
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Un ensayo que parecía común y terminó cambiándole el rumbo
“Esto comenzó más o menos por el 2018, cuando dos estudiantes de la Universidad Nacional de Villa María me invitaron a un ensayo”. La sorpresa llegó después. “Yo pensé que era un ensayo normal, pero era como una postulación. Yo no tenía la menor idea de nada”. Y en ese instante quedó marcado el punto de partida. “Cuando llegué allá, Mariline me informó que era así”.
El carnaval como aprendizaje cultural y humano
La experiencia no se quedó en el paso. “Aprendí sobre la danza, sobre esta cultura hermosa que es el carnaval”. Y también lo que sostiene a un grupo grande por dentro. “Aprendí valores, aprendí a poder tener empatía por el otro, porque somos un grupo humano muy grande”. La síntesis es simple y potente. “Somos de verdad una familia”.
La comunidad que no se ve, pero sostiene todo
La comparsa no es solo quien baila o toca. “Este año más o menos somos 100 personas”. Pero el número real crece. “Más la familia de esas personas, más la gente que cose, la gente que compra insumos, la gente que se encarga de armar alguna venta para recaudar plata, somos muchas personas en realidad”. La idea central se repite como certeza. “Hay toda una comunidad”.
Cinco consagraciones y una constancia que no se improvisa
“Este es el quinto año que tengo esa mención”. No fue una línea recta. “Interrumpidas. Primero porque la primera vez que gané el año siguiente fue pandemia, y el otro año que no fui pasista fue porque estaba embarazada”. Aun así, la regularidad quedó instalada y hoy el antecedente pesa, no solo por el título sino por el proceso.
También hay memoria del carnaval. “Antes de que yo entrara… Flavia Pérez ganó… ocho o seis veces consecutivas”, recuerda, ubicándose dentro de una historia más larga del corso.
Confianza interna y un orgullo compartido
El reconocimiento no se vive en soledad. “Ellos confían en mí desde el primer momento”. Y ese respaldo se siente desde los ensayos. “Me alientan así desde que arrancamos a ensayar”. Lo que devuelve es igual de claro. “Yo les agradezco a ellos en realidad porque ellos fueron quienes me enseñaron a mí a vivir esto. Nunca antes había estado en un carnaval ni bailado nada similar”.
El público como termómetro, la alegría como mensaje
Lo que llega desde afuera es directo. “Les gusta ir a verme porque se sienten alegres, sienten felicidad”. Y lo más importante para quien baila es esa lectura del disfrute. “Sienten que yo estoy disfrutando y entonces al mismo tiempo ellos disfrutan conmigo”. No es una técnica solamente, es una emoción que contagia.
Competencia sí, pero sin perder el carnaval
La mirada hacia adentro del grupo marca un giro. “Este año sentí más que nunca que disfrutamos del carnaval por lo que es el carnaval y nos olvidamos por un momento de que existe tal competencia”. Hay reglas, hay puntos, hay exigencias. “Sí tiene una competencia, tiene sus reglas, tiene un montón de puntos a ver”. Pero lo que rescata es otra cosa. “Que el disfrute y la alegría no se haya perdido por la competencia, para mí eso es lo más importante”.
Lo que viene, la gira y el motor económico que se activa
“Ahora ya arrancamos la gira”. Y eso abre otro plano, el de la circulación regional. “Empiezan los viajes, los fines de semana”. Ya hay fechas. “El 7 y el 8 tenemos Laguna Larga y General Deheza. También ya tenemos confirmado Noetinger”.
Ahí aparece el costado material, el que casi nunca se muestra. “Ya vamos pensando en el año que viene… empezar a armar trajes, a buscar diseñadoras”. Los costos son altos. “Un traje… 600.000 pesos… de base 500.000 pesos seguro”. Y por eso el carnaval se convierte en economía comunitaria, porque se sostiene con trabajo, recaudar, producir, organizar y volver a empezar.
Roberto Zayas es un reportero gráfico histórico de Villa María. Fue fotógrafo oficial municipal durante varias gestiones, construyó una trayectoria larga en el fotoperiodismo regional y hoy es coordinador del área de fotografía en el diario cooperativo más referenciado del centro provincial. Jubilado, sigue en funciones dentro de la organización, y además conduce la mutual de trabajadores y consumidores vinculada al medio. En esta entrevista, recorre su origen en la fotografía, el paso por redacciones, la transformación cooperativa post 2001, la tensión entre tecnología y credibilidad, y cierra con una definición fuerte sobre José Luis Cabezas: “Recordar es traer al presente”.
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