Silvia Rojas, brigadista forestal: “El fuego no espera y el Estado llegó tarde”
Desde Mallín Ahogado, Silvia Rojas, brigadista forestal e integrante de la organización Sur a Sur, describe una realidad que no entra en partes oficiales. El incendio sigue activo en sectores clave, las brigadas autoconvocadas trabajan con recursos conseguidos por solidaridad y la prevención, dice, exige agua cerca de las viviendas, formación comunitaria y un Estado que llegue antes, no después
Autor
Redacción
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Un territorio movilizado donde la primera respuesta nace de la comunidad
Silvia Rojas se presenta desde un lugar que no es sólo geográfico, sino práctico. Vive en Mallín Ahogado, integra la brigada forestal y también la cuadrilla de Sur a Sur, y durante los últimos días estuvo yendo con el equipo a los incendios en la zona de Epuyén y El Hoyo. Esa circulación entre parajes, focos y tareas marca el pulso de una Patagonia que responde con lo que tiene, con gente que se organiza, aprende en marcha y vuelve a salir, aun cuando el cansancio acumula.
El descanso también es una herramienta de seguridad
En los incendios, advierte, la voluntad no alcanza si no se cuida el cuerpo. Una de las cuestiones que más las atraviesa es “la cantidad de horas” que muchas personas quieren sostener, especialmente brigadistas autoconvocados “no tan organizados o con no tanta experiencia”. Rojas lo explica sin vueltas, descansar no es un lujo ni una pausa por comodidad. Es una necesidad física, porque si no se corta a tiempo aumenta “el riesgo de accidente”, de “doblarse un pie”, “quemarse una mano” o incluso “poner en riesgo a otros” y “no lograr el objetivo”. El fuego no sólo se enfrenta con coraje, también con método.
La prevención no cae del cielo, se construye con coordinación real
Para Silvia, una de las cuestiones más graves de estos incendios es que “el Estado no ha llegado a tiempo”. Siente que se creyó que la emergencia podía resolverse “con los recursos existentes”, como si la prevención apareciera sola. En cambio, insiste en que la prevención debe coordinarse con “los particulares” y con quienes viven en el campo, y que esa tarea necesita acompañamiento sostenido. La sequía de este año, remarca, “fue muy grande”, pero no irrumpió como un evento inesperado. No cayó “así como cae una lluvia”, por eso la obligación era anticiparse con trabajo conjunto entre comunidad y Estado, no improvisar cuando el frente ya está encima.
Agua cerca de las casas, infraestructura mínima y saberes compartidos
En su mirada, la prevención se vuelve concreta cuando se baja a lo cotidiano. Debería existir “en cada lugar” algún tipo de reservorio de agua alrededor de las viviendas, “un tanque australiano, un reservorio, una pelopincho, lo que fuera”. Esa simple medida facilitaría el trabajo de las brigadas y también el de las familias que viven allí. Pero Rojas agrega un punto decisivo, antes del equipamiento está el conocimiento. A veces se vive pensando que todo seguirá igual, y “esto no es así”. Si el clima cambia y trae “nuevos desafíos”, la sociedad tiene que “ayornarse”, aprender a adaptarse y trabajar con nuevas realidades, porque repetir lo mismo, en un escenario distinto, termina siendo parte del problema.
Fuego activo, recursos que se agotan y un reclamo político que crece
Rojas pone distancia de los diagnósticos tranquilizadores. Con incendios de semejante magnitud, “decir que el fuego está controlado” es muy difícil. Señala que sigue activo, sobre todo en la zona de Cholila, donde se acercan los incendios de Los Alerces y de La Patriada. En ese escenario, las brigadas autoconvocadas organizadas están trabajando con lo que consiguen por la solidaridad de la gente, porque “no contamos con recursos estatales”. La falta se ve en lo concreto, se rompen materiales y hay que reemplazarlos. Las “mangas” usadas en zona caliente se pinchan o se queman, y si se pide todo el tiempo, dice, es porque hacen falta en el territorio.
Desde ahí abre el plano y propone una lectura social y política. El desafío, sostiene, es organizarse “como red” y fortalecer la información y el conocimiento, sin quedar “avasallados por el exceso de cosas” que llegan, aprendiendo a analizarlas con criterio. Y aunque admite que siempre se buscan responsables individuales, plantea que también hay que buscarlos en el gobierno, porque hacen falta acciones y políticas públicas reales. “El gobierno nacional no ha estado presente”, y eso duele. Para ella, la salida es que los gobernantes se pongan “la pilcha del brigadista”, “la camiseta de la Argentina”, y salgan a buscar soluciones con recursos, conducción y ejecución efectiva de leyes clave como la de bosques y la de glaciares. En un territorio donde el agua escasea y los ríos traen “muy poca agua”, proteger el ambiente es proteger la casa común.
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices.
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