Democracia, derechos y crisis, lo que está en juego cuando la igualdad choca contra el ajuste
Fidela Azarian, es doctora en Ciencia Política, docente e investigadora, reflexiona sobre el escenario político y económico actual y advierte que no es posible pensar la igualdad de género, la participación y la democracia por fuera del modelo de desarrollo que se impulsa en el país. En un contexto de desfinanciamiento universitario, avance sobre derechos laborales y creciente desigualdad, plantea que los feminismos populares tienen la responsabilidad histórica de ampliar la representación, sostener el pensamiento crítico y defender una Argentina integrada, con justicia social y soberanía productiva.
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Redacción
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Fuente: Gentileza de F.A.
Córdoba 2026, un Encuentro como hecho político y social
Fidela ubica el año como una oportunidad para pensar un evento que no es solo de agenda feminista, sino de política en sentido amplio. Dice que le pareció “una buena oportunidad para hablar del evento político que para mí vamos a tener este año en Córdoba”, en referencia al Encuentro Plurinacional que se realizará “10, 11 y 12 de octubre en Córdoba”. En su mirada, ahí confluyen “los históricos movimientos de mujeres”, “los activismos LGBTI”, “las disidencias”, “las diversidades sexogenéricas”, y un conjunto de militancias que no llegan como foto armada sino como trama viva, con tensiones internas y debates que se actualizan.
La clave, sostiene, es que se trata de una confluencia amplia, heterogénea y con cruces impensados para quienes todavía leen la política con categorías cerradas. Por eso insiste en nombrar la pluralidad como condición del proceso, no como un adorno. Habla de “activismos independientes”, “activismos históricos de mujeres”, “feministas”, “disidentes”, “de la diversidad sexogenérica”, y suma una enumeración que revela el espesor territorial y social de lo que viene. Menciona “feministas canábicas”, “mujeres de los comedores de los barrios”, “mujeres de los partidos”, y plantea que ese tejido, con sus diferencias, es parte del desafío organizativo.
Academia, calle y necesidades del pueblo
La docente y dirigente social cuando le preguntan por el vínculo entre universidad y luchas sociales, no lo trata como un tema teórico. Lo vuelve urgente. Dice que estamos en un momento en el cual “la universidad, el CONICET” viven “un ataque muy duro con el desfinanciamiento” y también “con intentos de horadarlos, de desprestigiarlos”. Aclara que no es solo un debate contable. Señala que ese ataque se combina con “una batalla cultural” y pone un ejemplo directo, “salió el presidente a tuitear contra la ciencia política como disciplina”, insinuando que es un gasto innecesario para el estado nacional.
Desde ahí argumenta que, sobre todo en ciencias sociales y humanas, no se puede trabajar como si el contexto no existiera. “No podemos aislarnos de un contexto, ni desentendernos, ni desresponsabilizarnos de las necesidades acuciantes que está viviendo nuestro pueblo”. Reconoce que a la academia se la caricaturiza como “la torre de marfil”, pero advierte que esa imagen se vuelve peligrosa cuando el presente exige compromiso. Para ella, el conocimiento tiene que dialogar con lo social, no solo describirlo. Y remarca que los feminismos locales “tenemos mucho para aportar”, porque aprendieron a combinar organización, escucha y acción concreta.
Demandas nuevas, márgenes que empujan y tensiones internas
Uno de los puntos más potentes del testimonio aparece cuando Fidela nombra cómo cambió la conversación interna del movimiento. Dice que hoy hay “novedosas demandas de participación e inclusión” y que eso “pone en tensión las fronteras del feminismo como movimiento social”. En lugar de verlo como amenaza, lo lee como síntoma de movimiento. Habla de demandas que “dan cuenta de los movimientos que se producen en los márgenes” y, para explicar qué significa, trae ejemplos bien concretos.
Por un lado menciona a “las mujeres de los comedores y los merenderos”, que define como las que “están parando la ola en un contexto económico tan crítico”. Por otro lado, a “las mujeres de los pueblos originarios”, y de ahí retoma el sentido de llamarlo plurinacional. Además incorpora debates de identidad y politización dentro de los colectivos sexogenéricos. Nombra a “grupos máricas” que “se han desidentificado de la identidad gay” por considerarla “muy lavada políticamente”, asociada al “consumo” y a lógicas “neoliberales” de “comercialización”. Y plantea una recuperación histórica de luchas previas que abrieron derechos, recordando los movimientos del siglo XX y figuras clave, para mostrar que los derechos no aparecen por iluminación sino por organización.
A partir de esa diversidad real, la referente advierte que la salida no está en cerrar filas por pureza. Lo dice con una frase que ordena todo su argumento. “Si hoy caemos en la tentación de la pureza, de la homogeneidad, no vamos a poder salir de este escenario tan crítico”. Para ella, la diversidad no es un problema a gestionar. Es la condición de posibilidad para reconstruir potencia política y sostener una agenda de igualdad en tiempos hostiles.
Participación, democracia y métodos para una política en crisis
La investigadora de la UNC y UCC insiste en que “la participación política es clave” y que hay que pensarla “por fuera de los términos tradicionales” sin negar la historia. Nombra explícitamente a los partidos y sindicatos, dice que “no podemos nunca renunciar” a esa acción más clásica, pero a la vez advierte que hoy están “en crisis” y “de la falta de representatividad”. En ese diagnóstico ubica una oportunidad. “Hoy los feminismos tenemos la oportunidad, una vez más, de ampliar justamente los horizontes de las luchas, ampliar la representatividad”.
Esa ampliación no es solo discursiva. Fidela señala herramientas concretas de organización feminista. Habla de “escucharnos entre todas”, “las asambleas”, “llegar a decisiones por consenso”, “argumentando, tratando de persuadir”. Las define como “herramientas válidas hoy” que pueden “nutrir mucho a la política” y también a la academia, porque permiten construir acuerdos sin borrar diferencias. A su vez, asocia esa tradición asamblearia con una memoria reciente de potencia social, recordando que en 2016 “el primer paro se le organizó el movimiento de mujeres y disidencias”, antes que otros actores tradicionales, y lo menciona como prueba de capacidad organizativa en momentos críticos.
La defensa de la democracia aparece como un hilo de fondo. La docente señala que “no es casual” que se ataquen instituciones de pensamiento crítico y, en paralelo, haya que “volver todo el tiempo a poner en valor la democracia”, esos “acuerdos y consensos” construidos desde los 80. En su mirada, el conflicto actual no es solo presupuestario, también es de sentido, de legitimidad, de qué voces cuentan y cuáles se quieren expulsar del debate público.
Reforma laboral, modelo económico y el impacto sobre mujeres y disidencias
Cuando el diálogo se mete en el plano económico, la dirigente hace un puente explícito. Dice que no se puede pensar género, inclusión y democracia por fuera de “los modelos y los proyectos políticos y económicos”. Lo plantea de forma contundente. “Todo tiene que ver con todo”. Y desde ahí describe una tendencia de largo plazo. Señala que “la desigualdad socioeconómica ha crecido”, y que los niveles de participación de los trabajadores en el producto “fueron cayendo”, con “10 puntos” menos “en estos 10 años”.
Sobre la reforma laboral, Fidela dice que “estamos en una situación de pérdida de derechos”, y agrega que lo más duro es que “con todos los aliados o cómplices que tiene el gobierno puede sacar las reformas que quiera”. También describe el dispositivo que vuelve vendible el ajuste. Habla de un “dispositivo mediático, ideológico” que instaló la idea de que “no hay trabajo formal” porque “la legislación laboral espanta empresarios” y “espanta las inversiones”. Y advierte que mucha gente que busca mejorar su posición en el mercado formal termina apoyando una reforma que “va a ser terrible”.
Su diagnóstico sobre lo que viene es concreto. “Crecimiento de la desocupación” y “mucha precarización, mucha informalidad y salarios muy bajos”. Lo vincula con un modelo “extractivista” que necesita “mano de obra muy barata” y que no tiene “un modelo productivo” orientado al desarrollo. Incluso discute un supuesto central del relato oficial. Afirma que “el problema de la falta de empleo” no es la legislación que reconoce derechos, sino “la incapacidad para poder planificar una economía desarrollada en el siglo XXI”, con “economía del conocimiento”, “valor agregado”, “tecnología de punta” y “cadenas productivas regionales e internacionales”.
En el tramo más sensible, Fidela explica por qué las crisis pegan distinto. Dice que en crisis “esas desigualdades se agravan” y recuerda que mujeres y disidencias suelen quedar en los lugares más precarios. Trae un ejemplo claro. “En momentos de crisis económicas somos el último orejón del tarro”. Y lo enlaza con una historia de pobreza estructural, sobre todo hacia el colectivo travesti trans, que arrastra barreras para acceder al trabajo. Por eso insiste en que el Encuentro de octubre tiene que “alojar”, “darles lugar” y permitir que “puedan enunciar su propia voz y sus propias demandas”. Además remarca un punto territorial muy importante. Que sea en Córdoba puede habilitar la participación de compañeras del interior y de barrios periféricos que no podrían viajar cuando el encuentro se realiza lejos.
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