Cuando el juego deja de ser juego: un problema creciente de salud mental juvenil 

Las apuestas online crecieron de forma explosiva en Argentina. Aunque son ilegales para menores de 18 años, los casinos virtuales están a un clic de distancia en cualquier celular. UNICEF advierte que 8 de cada 10 adolescentes accedieron a estas plataformas en el último año. La Sociedad Argentina de Pediatría alerta sobre los riesgos para la salud mental y las trayectorias vitales de niños y jóvenes. Desde nuestro lugar, consideramos que el problema no se centra sólo en que es un consumo riesgoso: detrás de él, se entrama una disputa por el sentido de las prácticas cotidianas juveniles.

 

Un casino en cada celular


En 2025, hablar de juventudes y tecnología en Argentina es también hablar de casinos virtuales, apuestas online y aplicaciones las que, en un país donde la gestión estatal pondera el libre mercado, se expanden sin control. Así, las promesas de “dinero fácil y éxito económico” se convierten en una trampa emocional y económica.

 

En términos cuantitativos, un informe de UNICEF Argentina reveló que “8 de cada 10 adolescentes accedieron a plataformas de apuestas online en el último año”, y que 1 de cada 4 entre 12 y 17 años apostó al menos una vez. Estos números aportan información clave, que contribuyen a desmentir aquellos discursos que intentan instalar que se trata de casos aislados: las apuestas forman parte del paisaje digital juvenil.

 

En la misma línea, la Sociedad Argentina de Pediatría fue tajante: “la exposición temprana a los juegos de azar puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas de juego compulsivo en la edad adulta”. Lo que nos invita a pensar, aquello que hoy se presenta como entretenimiento, mañana puede consolidar un patrón de adicción.  

 

Salud mental y desigualdad: una deuda pendiente


Las apuestas online no están exentas del mundo de los consumos problemáticos de nuestra sociedad, ya que pueden convertirse en uno.  Esto se debe, a que operan sobre el mismo circuito que las adicciones a sustancias psicoactivas: gratificación inmediata, ansiedad, frustración y dependencia. A su vez, en adolescentes, esto se profundiza, ya que comienza a vincularse a la dificultad para sostener la concentración, problemas de descanso y sueño, repercusiones que se traducen en el deterioro del desempeño escolar, el desarrollo de la creatividad, dificultades para la socialización que llevan al aislamiento progresivo y conflictos emocionales en aumento.

 

El problema golpea más fuerte en barrios populares, donde las apuestas aparecen como una supuesta “salida económica”. La falta de regulación nacional, la proliferación de sitios clandestinos y la publicidad dirigida a través de redes e influencers refuerzan una trampa que no distingue entre sectores sociales. 

 

Lo que está en disputa no es solo un consumo, sino el sentido de las ocupaciones cotidianas juveniles: estudiar, jugar, compartir, crear.

 

El casino virtual captura tiempo, atención y deseo. Transforma el ocio —antes exploratorio, colectivo, creativo— en riesgo, deuda y dependencia. Es un dispositivo que coloniza las prácticas juveniles y reduce sus horizontes.

 

La pregunta que nos hacemos es política y ocupacional: ¿qué juego defendemos? ¿El juego como derecho, como espacio de aprendizaje y comunidad, o el juego reducido a mercancía digital?

 

La acción sobre estas realidades se torna urgente. El acompañamiento de estos procesos implica abrir espacios colectivos donde el ocio, el juego cooperativo, aquel que también contribuya a la curiosidad, a la creación ingeniosa y el disfrute comunitario, vuelva a ser encuentro, donde se problematice la lógica de consumo que captura lo cotidiano, y donde se fortalezcan políticas públicas que restituyan derechos: clubes, escuelas, centros culturales, espacios barriales. 

 

Si lxs niñxs y adolescentes crecen con un casino en el bolsillo, estamos frente a un modelo que mercantiliza su tiempo, su atención y su esperanza, en definitiva, mercantiliza sus vidas, arrasando con ello sus proyectos de vida, sus deseos y sueños.

 

La salida no es individual: no alcanza con decir “no apuestes”. Es necesaria una política pública nacional que regule el juego online, frene la publicidad dirigida, y construya espacios comunitarios que devuelvan a la juventud el derecho a un ocio creativo, libre y colectivo.

 

Porque no hay salud mental sin justicia social. Y porque, desde este espacio, sabemos que defender el juego es defender la vida cotidiana de nuestrxs jóvenes.

  

Fuentes


UNICEF Argentina – Zoom a las apuestas online en adolescentes, 2024.

Sociedad Argentina de Pediatría – Comunicado sobre apuestas online, 2024.

Página 12 – “Le pusimos a los chicos un casino en cada celular”, 2024.

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