Doce claves para entender la situación de la Unión Cívica Radical en Córdoba

Martín Lucas, abogado y secretario general de la Unión Cívica Radical en Córdoba Capital ofrece una lectura profunda sobre el presente y el futuro del radicalismo provincial. Fracturas internas, tensiones con el gobierno nacional, crisis de representación, liderazgos personalistas y la necesidad de recuperar el debate partidario atraviesan una reflexión que pone en juego algo más que una estrategia electoral: el sentido mismo de la política.

Fuente: Gentileza M.L.

Antes de ingresar en el diagnóstico, el dirigente radical deja en claro desde dónde habla. No se trata de una mirada externa ni coyuntural, sino de un posicionamiento político consciente. Como él mismo señala, “mi análisis siempre va a partir desde lo que es mi ámbito de acción, y mi ámbito de acción es un ámbito partidario”. Esa aclaración no es menor: ordena toda la entrevista y establece que la lectura de la coyuntura no se hace desde la neutralidad, sino desde una tradición política concreta, con historia, valores y responsabilidades institucionales.

 

1. Un radicalismo que llega fracturado al nuevo ciclo político


Desde la perspectiva del referente boina blanca, el radicalismo cordobés atraviesa una crisis que no es solo electoral. Tras los últimos comicios, advierte que el partido quedó “virtualmente fracturado con dos posiciones”, producto de una discusión prolongada que excedió la conformación de listas. Esa fractura expresó una disputa política de fondo, vinculada tanto a la relación con el gobierno nacional como al posicionamiento frente al oficialismo provincial.

 
2. El conflicto central: alianza con el poder o fidelidad histórica

 

El abogado capitalino describe con claridad las dos almas que hoy conviven en tensión dentro del partido. Por un lado, “un sector entendía que el radicalismo tenía la posibilidad de hacer alianzas con el gobierno nacional”. En contraste, otro espacio —del que se reconoce parte— sostuvo que “por lo que ha representado el radicalismo en la política argentina, de ninguna manera podía ir hacia allí”. No fue una diferencia táctica, sino una disputa por la identidad.

 
3. La democracia interna como herramienta política


Frente a esa encrucijada, el dirigente partidario reivindica un método clásico del radicalismo. “La herramienta que tenemos es la democracia interna”, afirma, convencido de que los conflictos deben resolverse con participación. En ese sentido, remarca que debían ser “los afiliados y simpatizantes” quienes definieran el rumbo, y no acuerdos cerrados entre cúpulas.

 
4. Judicialización para garantizar derechos, no para imponer posiciones


El conflicto interno derivó en una instancia judicial, pero Lucas aclara su sentido político. No se trató de una maniobra dilatoria, sino de un reclamo legítimo: “la posibilidad de elegir y ser elegido”. Finalmente, la justicia electoral garantizó esa instancia y el sector opositor decidió retirarse, dejando una sola lista en competencia.

 
5. Una campaña coherente con el ideario radical


El dirigente subraya un dato que considera valioso. Durante la campaña, sostiene, “no se dijo una palabra, una frase, una idea que no tuviera que ver con el ideario del radicalismo”. Sin embargo, esa coherencia discursiva no alcanzó para resolver un problema estructural: la dificultad de integrar a los sectores que quedaron afuera del armado.

 
6. El resultado electoral y el silencio institucional posterior


El desempeño electoral fue modesto pero consistente con la estrategia. La lista 3 superó el 3 % del electorado, pero lo más grave vino después. Según el secretario general, “no hubo posibilidades para hacer análisis de lo que había sucedido” dentro de los órganos formales. El debate se trasladó a los medios y el partido dejó de funcionar como institución deliberativa. Bien lo denominó análisis a corazón abierto.

 

Fuente: Gentileza M.L.
Fuente: Gentileza M.L.


7. Un partido sin debate orgánico


La falta de ámbitos de discusión impacta directamente en la convivencia interna. El dirigente describe el presente como “una convivencia fría”, atravesada por la ausencia de espacios históricos de debate. Recuerda que el radicalismo siempre tuvo instancias como Villa Giardino para discutir política de fondo, pero advierte que “hace dos años que no tenemos Villa Giardino”, una señal preocupante para la vida partidaria.

 
8. La crisis nacional del radicalismo y su reflejo en Córdoba


La fragmentación no es solo provincial. A nivel nacional, el radicalismo cuenta hoy con apenas 12 diputados, divididos en dos bloques con orientaciones opuestas. Algunos acompañan al gobierno nacional, otros sostienen posiciones más cercanas a la tradición histórica del partido o a Provincias Unidas. Esa división, explica el dirigente, se reproduce en Córdoba y profundiza las contradicciones internas.

 
9. Personalismos, lanzamientos anticipados y erosión partidaria


El abogado radical es crítico de los liderazgos que se imponen sin debate. Advierte que las candidaturas por imposición “desbordan el ámbito de lo partidario” y responden más a decisiones personales que a construcciones colectivas. Para un partido con 135 años de historia, sostiene, ese camino erosiona la cultura democrática interna.

 
10. Dos modelos de radicalismo en disputa: pragmatismo electoral o proyecto político

 

En este punto, el análisis se vuelve estratégico. Martín reconoce el desgaste del cordobesismo tras más de dos décadas en el poder, pero rechaza que el cambio sea meramente administrativo. “Yo pretendo que ese cambio surja de una propuesta de la Unión Cívica Radical”, basada en educación pública, salud, derechos laborales y democracia. No se trata solo de ganar elecciones, sino de sostener un proyecto.

 
11. Partidos políticos frente al avance del liderazgo individual


El secretario general introduce una reflexión más amplia sobre el sistema político. Advierte que hoy “no están de moda los partidos políticos”, pero recuerda que son constitucionalmente indispensables. “Quienes median entre el Estado y la sociedad son los partidos políticos”, señala, y cuestiona la idea de reemplazarlos por proyectos individuales, sin anclaje colectivo ni responsabilidad institucional.

 
12. Política, convicciones y horizonte ético


El cierre de la reflexión apunta a una dimensión cultural. Para el abogado, el mayor riesgo del presente es invertir la lógica de la política. “Antes de decir lo que pienso, me fijo qué dicen las encuestas. Es una locura”, afirma. Frente a ese pragmatismo, reivindica una política basada en convicciones, debate y coherencia. Y sintetiza su mirada con una definición que atraviesa toda la entrevista: “El radicalismo gobierna aunque no esté en el poder, porque el radicalismo son principios, son ideas, no solamente la vocación por el poder”.

 

Fuente: En exclusiva con Revista Vértices.

 

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