🍽️📉 La canasta básica alimentaria cada vez más cara
En Argentina, el salario mínimo ya no alcanza ni para lo mínimo. Entre 2020 y 2025, la canasta básica alimentaria aumentó casi tres mil por ciento. Mientras tanto, el sueldo mínimo quedó mirando desde la vidriera. El informe fue elaborado por el Área de Estadísticas de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba en enero de 2025.
Autor
Redacción
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Fuente: Foto extraida del Informe realizado por la Defensoría del Pueblo de Córdoba
En la última entrega del Informe del Poder Adquisitivo del Salario (enero 2025) elaborado por el Área de Estadísticas de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba, se ofrece una radiografía precisa y devastadora sobre el deterioro del ingreso mínimo frente a los precios de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) en los últimos cinco años. Pero lo que más duele no son los números: es la imposibilidad de llenar el plato.
Una familia tipo y una canasta imposible
La comparación se realiza con un hogar tipo de cuatro integrantes: un varón de 35 años, una mujer de 31, una niña de 8 y un niño de 6. En este modelo familiar, se establece una medición que permite evaluar si el ingreso mínimo legal –el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM)– alcanza para cubrir las necesidades alimentarias (CBA) y las totales (CBT, que incluye transporte, salud, educación, vestimenta, etc.).
¿Cuánto cuesta comer en 2025?
En enero de 2025, la CBA alcanzó los $435.701,31, y la CBT los $993.399,00. El SMVM, en cambio, es de $286.711,00. O sea, no solo no cubre la canasta total (como ya venía sucediendo), sino que tampoco alcanza para comprar comida.
De hecho, el salario mínimo sólo cubre el 65,8% del costo de los alimentos. Esto significa que, incluso si una familia destinara cada centavo de su salario a comer (nada de pagar alquiler, luz, gas o útiles escolares), le faltarían más de $149.000 para llenar la heladera.
De la autosuficiencia a la indigencia
El informe muestra que en enero de 2020 el salario mínimo cubría el 113,02% de la CBA, lo que implicaba que una familia tipo que viviera solo con ese ingreso podía cubrir sin dificultad su alimentación básica. Pero desde 2021 la historia cambió de rumbo, y para 2024 ya solo alcanzaba al 59,68% de la CBA.
En 2025, a pesar de un aumento nominal del SMVM, la canasta aumentó tanto que ese porcentaje sube apenas al 65,8%. Es una mejora mínima respecto a 2024, pero sigue sin garantizar la supervivencia digna.
Y cuando se amplía la mirada para incluir los gastos no alimentarios, la caída es libre: el SMVM apenas representa el 28,86% de la CBT. En términos concretos, harían falta más de tres salarios mínimos y medio (3,5 SMVM) para que una familia tipo no sea considerada pobre.
¿Y los aumentos del salario?
Del 2020 al 2025, la CBA aumentó un 2.818,09%, la CBT un 2.561,30%, y el SMVM apenas un 1.599,03%. Si lo ponemos en términos de carrera, los precios partieron en falso y el sueldo arrancó a trotar, jadeando y sin agua.
Más aún, si uno mira el año más reciente, entre enero de 2024 y enero de 2025, el SMVM subió un 83,79%, pero la CBA un 66,67% y la CBT un 84,47%. Es decir, el salario aumentó casi tanto como la canasta total, pero no lo suficiente para acortar la distancia crítica.
¿Qué significa esto?
Significa que una familia cuyo único ingreso sea el salario mínimo está hoy en situación de indigencia. No solo no puede cubrir lo mínimo para no ser pobre, sino que no llega ni a alimentarse correctamente.
La situación se agrava si se considera la informalidad laboral, los hogares monoparentales (como muchos encabezados por mujeres), o quienes no llegan ni al SMVM.
¿Qué pasó en estos años?
La serie histórica lo muestra sin anestesia:
En enero de 2020, el SMVM cubría la CBA y parte de la CBT.
Para febrero 2021 y 2022, los aumentos salariales no pudieron empatarle a la inflación.
En enero 2023, el SMVM aún resistía, cubriendo el 45,5% de la CBT.
En enero 2024, ya era solo el 28,97%, casi idéntico al 28,86% de enero 2025.
Esto quiere decir que en los últimos dos años se profundizó una crisis que ya era visible, y que ni siquiera los aumentos más recientes alcanzaron para revertir la tendencia.
¿Y ahora qué?
El dato más escalofriante no es el número, sino su consecuencia social: casi nadie puede sobrevivir con un ingreso legal mínimo. Las familias que dependen del SMVM viven en la pobreza estructural, sin margen para pensar en otra cosa que no sea la subsistencia diaria.
La inflación alimentaria, mucho más alta que la general, golpea en el corazón de los sectores populares, y erosiona cualquier política redistributiva que se intente implementar si no hay medidas de contención eficaces y sostenidas.
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