Alimentos sin desperdicio: una guía práctica para organizaciones sociales

El Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Córdoba elaboró una guía integral destinada a comedores y organizaciones sociales, con el objetivo de reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos (PDA). La propuesta ofrece estrategias concretas de planificación, elaboración de menús, autogestión y prácticas sostenibles que impactan directamente en la seguridad alimentaria, la economía comunitaria y el ambiente.

El Informe del Índice de Desperdicio de Alimentos 2021 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente reveló un dato alarmante: más de 121 kilos de comida por persona se tiran al año a nivel global, y el 61% de ese desperdicio ocurre en los hogares. Esta situación genera no solo un problema ético frente al hambre, sino también enormes costos ambientales y económicos.

De esta manera cada año, en el mundo se desperdicia el 17% de los alimentos disponibles, lo que equivale a 1030 millones de toneladas de comida que terminan en la basura. En Argentina, la pérdida anual alcanza los 16 millones de toneladas, en un contexto donde la inseguridad alimentaria afecta a millones de familias.

 

En nuestro país, la situación no es ajena. Los comedores comunitarios se han transformado en un sostén indispensable frente a la crisis, pero muchas veces deben enfrentar la disyuntiva entre alimentar con cantidad o garantizar calidad nutricional. En ese marco surge la Guía Práctica de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en Organizaciones Sociales desde el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Córdoba, que busca ser una herramienta concreta para mejorar la gestión alimentaria y promover menús más saludables y sostenibles.

 

Un diagnóstico que interpela


La guía parte de una radiografía clara: en los barrios populares de Córdoba, los comedores comunitarios se han convertido en la primera trinchera frente a la emergencia alimentaria. La crisis económica y social ha profundizado la dependencia de estas organizaciones, que muchas veces deben resolver el menú diario con lo que consiguen en compras ajustadas o donaciones, sacrificando calidad nutricional en favor de llenar el plato.

 

Las cocineras y referentes comunitarios despliegan creatividad y esfuerzo para mejorar la comida diaria, pero muchas veces carecen de herramientas y conocimientos que les permitan optimizar recursos, aprovechar mejor los alimentos y diversificar las preparaciones. La guía pone el acento justamente en esto: brindar recomendaciones accesibles para reducir pérdidas y desperdicios, al mismo tiempo que se promueve una alimentación saludable y sostenible.

 


¿Qué son las PDA y por qué importan?


Las pérdidas y desperdicios de alimentos abarcan todo lo que se produce para consumo humano pero no llega al plato. Esto puede ocurrir en la producción, el almacenamiento, la distribución o en el consumo final. En Argentina, la cifra anual asciende a 16 millones de toneladas, con un fuerte impacto económico, social y ambiental.

 

Cuando tiramos alimentos, también desperdiciamos agua, tierra fértil, energía, envases, trabajo y transporte. El impacto se siente en tres frentes:

 

Seguridad alimentaria: menos disponibilidad de alimentos para quienes más los necesitan.


Economía: pérdidas significativas a lo largo de toda la cadena, desde productores hasta consumidores.


Ambiente: mayor contaminación, emisión de gases de efecto invernadero y presión sobre recursos naturales ya deteriorados.


En este contexto, reducir las PDA se convierte en un compromiso ético y una estrategia de justicia social.

 

 
Tres ejes para transformar la gestión alimentaria


La guía organiza sus propuestas en tres grandes ejes, pensados para el trabajo cotidiano de comedores y merenderos.

 

1. Planificación y compra responsable


El primer paso para evitar desperdicios es comprar de manera consciente:

 

Planificar menús antes de realizar compras.


Verificar el stock de alimentos, especialmente los perecederos.


Incorporar un mismo alimento en distintos platos, evitando que se eche a perder.
Preferir frutas y verduras de estación, más económicas y nutritivas.


Priorizar productores locales, reduciendo costos y transporte.


Aplicar la regla de oro: “primero en entrar, primero en salir” al almacenar.
Evitar compras impulsivas o donaciones poco útiles.


Además, el documento ofrece consejos prácticos para conservar alimentos por más tiempo: desde cómo guardar papas y cebollas para que no broten, hasta recomendaciones para congelar carnes, verduras y sobras cocidas.

 

2. Menús saludables y sostenibles


El segundo eje propone optimizar el uso de cada alimento y, al mismo tiempo, mejorar el valor nutricional de los platos. La planificación permite ahorrar dinero, reducir desperdicios y equilibrar nutrientes.

 

La creatividad es clave: usar cáscaras y tallos en guisos, aprovechar frutas maduras para mermeladas o budines, elaborar snacks de cáscaras al horno, preparar pickles y chucrut con verduras en exceso. De este modo, se transforma lo que suele ir a la basura en recetas sabrosas, nutritivas y de bajo costo.

 

La guía incluye un “recetario sustentable” con opciones simples: sales saborizadas con restos de vegetales, cáscaras glaseadas de frutas, buñuelos de hojas de remolacha, mermeladas de estación y bizcochuelos de bananas pasadas.

 

3. Impulso de autogestión


El tercer eje apunta a fortalecer la autonomía de las organizaciones sociales mediante huertas comunitarias, compostaje y producción de alimentos propios.

 

Una huerta en macetas, cajones o suelo puede proveer verduras frescas, reducir costos y educar en prácticas sostenibles. El compostaje de restos vegetales, en paralelo, evita que toneladas de materia orgánica terminen en la basura y, al mismo tiempo, nutre la tierra.

 

El documento también invita a explorar líneas productivas como panificados saborizados, conservas y mermeladas que pueden intercambiarse entre organizaciones o venderse como estrategia de sostenimiento económico.

 


La guía incorpora además recursos adicionales:

 

Compras colaborativas: pasos para que varias organizaciones se unan y compren alimentos a menor precio, fortaleciendo redes solidarias.
Lista de autoevaluación: una herramienta de verificación para medir desperdicios, identificar oportunidades de mejora y planificar nuevas estrategias.


 
Una invitación a la acción colectiva


La conclusión es contundente: reducir las PDA no es solo una cuestión ambiental o económica, sino un acto de equidad y justicia. Optimizar el uso de alimentos implica garantizar acceso más justo y constante para quienes más lo necesitan.

 

El desafío, sin embargo, es colectivo. Para avanzar en soluciones sostenibles, deben articular esfuerzos las organizaciones sociales, los productores, las instituciones educativas, las autoridades y la sociedad en su conjunto.

 

La guía se presenta como una herramienta práctica y accesible para dar ese primer paso. Pero también deja abierta la invitación a continuar innovando y trabajando en conjunto por un sistema alimentario más eficiente, equitativo y sostenible para las futuras generaciones.

 

 
Fuente:

Guía Práctica de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en Organizaciones Sociales. Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Córdoba, 2023.

https://www.infobae.com/america/tendencias-america/2021/03/08/segun-la-onu-se-desperdicia-el-17-de-todos-los-alimentos-disponibles-en-el-mundo/ 

 

Fuente: Foto de Infobae
Fuente: Foto Eroski consumer

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