Diez alertas sobre la comida en Argentina: la distancia entre el plato y la salud
Un estudio reciente expone una brecha dolorosa entre la dieta que deberíamos consumir y la que efectivamente llega a la mesa de millones de hogares argentinos. Con base en 3.750 encuestas nacionales, estas 10 preguntas nos invitan a reflexionar sobre un drama cotidiano, estructural y silencioso: la desnutrición por empobrecimiento.
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Editorial
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Fuente: Foto Diario Popular
1. ¿Qué alimentos faltan más en la mesa argentina?
Las frutas y los lácteos. Se registra un déficit alarmante de banana (-65%), manzana (-62%), pera (-62%) y leche en polvo (-53%). También se reduce drásticamente el consumo de yogur (-44%), quesos (-43%) y verduras como la acelga (-54%) y la lechuga (-56%).
“La papa concentra el 50% del consumo del rubro frutas y verduras, desplazando a productos con mayor valor nutricional”.
2. ¿Qué alimentos se consumen por encima de lo recomendado?
El pan, la polenta, el arroz y el azúcar. Se observa un sobreconsumo del pan francés (+20%), harina de trigo (+40%), fideos (+23%), azúcar (+45%) y huevos (+51%). Este patrón aumenta la saciedad, pero no la nutrición.
“El pan representa el 57% del total consumido en harinas y legumbres”.
3. ¿Qué productos aparecen aunque no figuran en la dieta recomendada?
Alitas y carcasa de pollo, menudencias vacunas, grasa de pella, aceite mezcla y edulcorantes. Estos productos no están en la tabla nutricional oficial pero son incorporados como sustitutos por su bajo costo.
“La carcasa de pollo se consume más que cualquier corte vacuno premium”.
4. ¿Qué pasó con las carnes rojas?
Retrocedieron dramáticamente. El asado vacuno cayó un 68%, la carne para milanesas un 60% y la carne molida especial un 73%. En contrapartida, crecen el consumo de pollo fresco (24% del rubro) y sus subproductos.
5. ¿Cuáles son las estrategias de reemplazo que adoptan los hogares?
Sustituyen alimentos más nutritivos por otros más accesibles: tomate fresco por tomate envasado (+140%), leche por huevos, frutas por más pan, y carnes rojas por pollo. La lógica es clara: rendir el gasto antes que nutrir el cuerpo.
6. ¿Cuánto incide el precio en estas elecciones alimentarias?
Todo. El estudio concluye que la composición del plato argentino está determinada por la variable económica. No se elige qué comer, sino qué se puede pagar. Esta es la raíz estructural de una dieta empobrecida.
“El patrón alimentario responde estrictamente a condiciones socioeconómicas”.
7. ¿Qué riesgos implica este patrón alimentario?
Aumenta la probabilidad de enfermedades como obesidad infantil, diabetes, desnutrición, déficit de calcio, anemia y enfermedades cardiovasculares. Comer no siempre significa alimentarse bien.
8. ¿Por qué la alimentación real no se ajusta a la dieta oficial?
Porque la tabla parte de una familia tipo ideal con acceso pleno al mercado. Pero la realidad está marcada por la inflación, el empobrecimiento, la pérdida salarial y la informalidad económica.
9. ¿Qué rol debería tener el Estado frente a esta situación?
El informe lo plantea con claridad: las políticas públicas deben garantizar el acceso económico a alimentos esenciales. No alcanza con campañas de educación nutricional si no se mejora el poder adquisitivo de los hogares.
10. ¿Qué conclusión deja este informe?
Que estamos frente a una forma silenciosa de exclusión. Una “desnutrición encubierta” que no se traduce en hambre absoluta, pero sí en dietas monocromáticas, repetidas, hipercalóricas y pobres en nutrientes. Una tragedia cotidiana que pasa desapercibida hasta que se convierte en problema de salud pública.
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