Dibujar para todos, que nadie quede afuera

Desde el regreso consciente al dibujo y la formación en caricatura, pasando por la creación de un espacio propio con identidad, hasta la expansión del taller como propuesta cultural abierta a todas las edades, la experiencia de Matías Giletta recorre tres momentos de una misma búsqueda. Dibujar como forma de expresión, de encuentro y de intervención cultural, en una ciudad donde el arte popular vuelve a ocupar el centro de la escena en Revista Vértices.

Fuente: Foto Gentileza de M.G.

1- Matías Giletta y el regreso consciente a la caricatura como forma de vida

 

El dibujo como gesto temprano e instintivo

 

“Yo dibujo desde muy chico habitualmente”, dice Matías, casi como una obviedad. “Los que un poco nos dedicamos a cuestiones así, caricatura, dibujo, lo hacemos desde muy chico, empezamos medio instintivamente o intuitivamente”. En su memoria aparecen imágenes concretas. “Las primeras caricaturas que recuerdo son de maestros de la escuela primaria”. El dibujo, en ese momento, no es proyecto ni plan, es pulsión.

 

Hubo experiencias tempranas más formales. “Con excepción de un breve paso por el diario allá por los años 95, 96, cuando se llamaba Diario del Sur de Córdoba, colaboré bastante regularmente en un suplemento de humor gráfico”. Allí trabajaba con guionistas y otros dibujantes. “Nos pasaban los chistes y nosotros los dibujábamos”. Fueron incursiones valiosas, pero aisladas.

 

Una vocación que reaparece en la adultez

 

Durante muchos años el dibujo quedó en segundo plano. “Con excepción de eso y otras incursiones muy puntuales, muy desperdigadas, el tema lo agarro ya de grande”. El regreso no fue casual ni automático. Fue una búsqueda. “En 2021 estaba en una búsqueda personal, que creo que todavía estoy”. Se pregunta cosas simples y profundas. “Qué es lo mío, qué me gusta, quién soy”.

 

La pandemia aparece como escenario clave. “Era pandemia, 2021”. En ese contexto descubre algo decisivo. “Veo, medio por casualidad, que el caricaturista argentino que más admiro empieza a dar cursos virtuales por primera vez”.

 

El encuentro con Luis Ordóñez y el salto técnico

 

Luis Ordóñez no era un nombre nuevo para él. “Lo admiro desde chico, porque veía sus dibujos en la revista El Gráfico”. La oportunidad era única. “Tenía una famosa escuela en Lanús, pero nunca había dado clases virtuales”. Aprovecha ese momento histórico. “Estudié cuatro años con Luis”.

 

Hasta entonces, Matías venía dibujando de manera autodidacta. “Yo venía haciendo caricaturas, pero de manera autodidacta”. La formación con Ordóñez le abre otra dimensión. “Aprendí muchísimo, aspectos técnicos, cómo lograr el parecido en una caricatura”. Ese aprendizaje genera algo más que técnica. “Ahí me embalentoné”.

 

Desde el inicio, el disfrute fue central. “Desde el principio disfruté mucho cada uno de los dibujos que nos pedía”.

 

Sean Penn y un reconocimiento inolvidable

 

Hay un ejercicio que recuerda con especial emoción. “Una vez nos pidió que hagamos la caricatura del actor Sean Penn”. Todos los alumnos envían su trabajo. “En la clase siguiente él veía las caricaturas y nos hacía observaciones”. Esa vez, algo distinto ocurrió. “Le gustó mucho la mía”.

 

Ordóñez propuso entonces una votación entre compañeros. “La caricatura más votada iba a recibir, como premio, una caricatura hecha por él”. La de Matías fue la elegida. “Tengo ese tesoro invaluable que es una caricatura original de Luis Ordóñez”.

 

La comparación aparece sola. “Para el que le gusta la caricatura, llegar a estudiar con Luis Ordóñez es como decir que te gusta el fútbol y llegar a estudiar con Maradona”.

 

Qué dibuja y por qué

 

Aunque su maestro estuvo muy ligado a la farándula y al deporte, Matías tiene claro su horizonte. “A mí lo que más me gusta es la caricatura política”. Hoy no es lo que más produce, pero está ahí, como intención. También dibuja actores y personajes culturales. “Todos los que hago tienen que ver con películas o artistas que significan algo especial para mí”.

 

Cuando el vínculo es afectivo, el dibujo se transforma. “Cuando hago una caricatura sobre alguien que significa mucho para mí, la disfruto muchísimo”. Aparecen Sean Penn, Robert De Niro, Cinema Paradiso, Trainspotting. No son solo rostros. Son marcas biográficas.

 

Maestros, influencias y una tradición gráfica

 

Además de Ordóñez, hay nombres que lo formaron como lector y dibujante. “Alberto Breccia fue uno de los más grandes dibujantes que existió en la Argentina”. Destaca especialmente Mort Cinder. “Es una obra de arte”. Reconoce que no fue tan popular como El Eternauta, pero para él es central.

 

También menciona a Florencio Molina Campos. “Es una locura”. Reconoce que la historieta y la caricatura estuvieron históricamente dominadas por varones. “Ahora está cambiando un poco”, dice, sin hacer todavía un análisis profundo, pero con la conciencia de que el campo se está moviendo.

 

Villa María y una memoria del dibujo

 

Matías se inscribe en una historia local. “En Villa María hemos tenido un dibujante enorme como Nino Merardo”. Lo conoció en el diario. “Era un gran dibujante, un gran caricaturista, un gran retratista”. Lo recuerda con admiración y respeto.

 

Ese reconocimiento no es nostalgia. Es pertenencia. Dibujar, para Giletta, es también dialogar con una tradición que existió, que existe y que merece seguir creciendo.               

 

2- Un espacio propio para dibujar(se) 

 

El taller de caricatura como lugar de identidad, memoria y formación colectiva: Del centro vecinal al espacio propio.

 

“La experiencia del año pasado en el centro vecinal fue hermosa”, dice Matías sin dudar. Ese primer taller funcionó en el barrio Sarmiento. “Agradezco a la comisión directiva del centro vecinal y a Alberto Marcotegui, que me permitió usar esas instalaciones”. Fue una etapa fundacional, pero también reveladora. “Me di cuenta de que ya necesitaba un lugar propio”.

 

No era solo una cuestión de comodidad. “Había cosas que no estaban. Un baño, ciertas comodidades, un acceso más fácil al agua”. Pero, sobre todo, había una intuición clara. “Quería algo especial y especialmente preparado para esto”.

 

La decisión se termina de cerrar de una manera cotidiana. “En enero, a principio de enero, estando en el río, se me ocurrió escribirle a la inmobiliaria”. El resultado fue inmediato. “Este fue el primer local que vi. El primero y único. Me encantó”.

 

Un taller con identidad personal

 

El espacio no es neutro. “Desde el primer momento traté de que cada cosa que hubiera acá me representara”. Cada objeto tiene historia. “Esa biblioteca era de mi viejo, se la había regalado mi abuela y ahora me quedó a mí”. La mesa también guarda memoria. “En ese mesón nos juntábamos toda la familia, comíamos en Navidad”.

 

El taller se piensa casi como un museo íntimo. “Todo tiene que ver con algo personal mío acá”. No es decoración. Es relato. El espacio habla tanto como los dibujos.

 

La experiencia colectiva del aprendizaje

 

El crecimiento fue sostenido. “A lo largo de este año pasaron 30 alumnos”. Algunos continúan, otros no. “En la muestra de fin de año entregamos alrededor de 25 diplomas”. Para Matías, ese número no es estadístico. Es vínculo.

 

La dinámica siempre fue flexible. “Tenía distintos horarios, mañana y tarde, lunes, martes, miércoles”. La prioridad fue clara. “Todo para que nadie quede afuera por una cuestión de horario”.

 

Dibujar con otros, formar con otros

 

Hasta ahora, el taller fue sostenido íntegramente por él. “Único profe hasta ahora”. Pero eso está cambiando. “El año que viene se suman más profes y vamos a tener cuatro cursos distintos”.

 

La decisión no es solo ampliar la oferta. Es compartir el proceso. “Dos de los profes vienen estudiando conmigo desde el primer día”. Pasan de alumnos a docentes. “Que se fogueen, que se apropien del espacio, eso me encanta”.

 

Habrá introducción a la caricatura, nuevos enfoques y también propuestas pensadas para infancias. “Un espacio para los más chiquitos, pero en realidad para todas las edades”.

 

Un taller que crece sin perder sentido

 

El crecimiento no se vive como presión. “Yo tengo la posibilidad de tener otro trabajo que me permite esto”. Agradece explícitamente ese respaldo. “Nunca quiero ser ingrato con la Universidad Nacional de Villa María”. Gracias a esa estabilidad, el taller puede sostenerse desde otro lugar.

 

La lógica no es productivista. Es formativa. “Esto me permite hacer caricatura sin que sea una obligación económica”. El resultado es visible. Un espacio cuidado, humano, donde el dibujo no se acelera ni se vacía.

 

La muestra como celebración

 

La muestra de fin de año no es cierre, es ritual. “Anoche fue la inauguración”. Familias, alumnos, dibujos en las paredes. El taller se vuelve público. “Ahí uno ve todo lo que pasó durante el año”.

 

No hay grandilocuencia. Hay orgullo silencioso. El taller no pretende ser una escuela clásica ni una academia rígida. Es otra cosa. Un lugar donde aprender a dibujar también es aprender a mirar, a recordar y a compartir. 

 

Foto del encuentro de entrega de certificados en el Villa Maria Shopping

3- Cursos nuevos y un taller que se amplía sin perder identidad junto a Luisina Carranza, Julio Machado, Marisa Vallejos y Valentino Zoy 

 

Del retratito al taller crece con nuevas propuestas

 


Matías cuenta que el año próximo el espacio se reorganiza y se abre a nuevas propuestas. “Van a ser cuatro cursos distintos el año que viene”. Y lo enumera con precisión, como quien ya está imaginando el movimiento cotidiano del lugar.

 

“Introducción a la caricatura”, “un taller de arte para llamarlo de alguna manera, más experimental”, “escultura y mosaiquismo”, y “manga barra anime”. Son cuatro caminos diferentes, pero reunidos por una misma idea, que el taller se convierta en un punto de encuentro cultural y creativo para la ciudad.

 

Al mismo tiempo, reconoce que el crecimiento trae desafíos concretos. “El tema del espacio es algo que hay que resolver”. En particular con la escultura. “Es una cuestión nueva, nueva, me va a implicar desmantelar un lugar y sí, vamos a ver cómo nos organizamos”. Lo aclara para que no se piense en algo monumental. “Escultura pequeña, no grandes cosas”.

 

Cuatro propuestas, cuatro lenguajes

 

El primer eje es la caricatura, sostenida como base. “Caricatura, arte libre, escultura y mosaiquismo y manga”. En esa lista aparece la diversidad. También aparecen los nombres que van tomando protagonismo dentro del proyecto.

 

Sobre el espacio experimental, Matías lo define como algo “más abierto, más libre, más experimental”. Lo ubica como una propuesta que va a permitir jugar con técnicas y procesos sin una rigidez académica. En escultura y mosaiquismo destaca que es “una cuestión nueva” y menciona quién lo llevará adelante. “Lo va a dar la profesora Marisa Vallejos”.

 

Y para manga barra anime también señala un sentido generacional. “Un tipo de dibujo que está recontra difundido hoy por hoy, sobre todo entre adolescentes”. Y lo describe como “un estilo japonés, eso de dibujo japonés”.

 

Edades, generaciones y una sorpresa con la caricatura

 

Cuando aparece la pregunta por edades, Matías no duda. “Todas las edades literalmente”. Lo dice como una constatación y no como una consigna. “Incluso muy chiquitos, cuatro o cinco años”. Y marca el rango real que vivió el taller hasta ahora. “Desde siete años a sesenta”.

 

Ante la pregunta por preferencias generacionales, responde con entusiasmo porque ahí aparece una intuición fuerte. “Es para un título esto, ojo con lo que voy a decir”. Y cuenta que se sorprendió. “Yo venía con esa idea de asociar un tipo de dibujo con cierta edad y me sorprendí”.

 

La sorpresa fue la caricatura. “Me sorprendió ver que hay chicos, pero chiquitos, de ocho años, que les fascinó la caricatura”.

 

Qué es la caricatura y de dónde viene su nombre

 

Matías se detiene en una definición clásica y pedagógica, como si estuviera dando una clase dentro de la entrevista. “La caricatura en el sentido clásico, la caricatura en el sentido del dibujo de un rostro de manera humorística o satírica con los rasgos exagerados”.

 

Y suma el origen de la palabra, que también explica por qué el taller se llama así. “Caricatura viene desde hace cinco siglos en Italia”. “Caricare es una palabra italiana”. “De ahí viene caricatura”.

 

Cuando le preguntan el significado, lo remarca casi como una traducción literal. “Significa carga, carga”. Y agrega la imagen histórica. “Al principio se les decía retratitos cargados”. La definición vuelve a aparecer, más redondeada. “Desde el principio la caricatura históricamente es un dibujo humorístico o satírico de un rostro”.

 

También amplia la idea. “Podemos agregarle un cuerpo”. Y se mete en un punto clave para el estilo. “También se caricaturizan personalidades”. “Hay personajes que tienen una personalidad recontra-característica que vos tenés que agarrarte de ahí también para hacer la caricatura”. Todo “de manera exagerada”.

 

Afecto, emoción y caricaturas que nacen en familia

 

En este tramo la entrevista se vuelve íntima y muy visual. Matías describe a un niño que llegó con otra pasión y terminó encontrando otra. “Se me ocurre un nene que venía, que le encanta dibujar dinosaurios, y sin embargo cuando conoció la caricatura, después en cada clase me pidió hacer una caricatura”.

 

Cuenta que intentó variar para no aburrirlo. “Yo quería variar para que no se aburra, pero él quería cada clase agarrar una carita y hacer una caricatura”.

 

Aparece también lo afectivo, que para Revista Vértices es un hallazgo narrativo. “Muchas veces los chicos traen la foto de la mamá para hacer la caricatura”. Y pone un ejemplo puntual que muestra por qué el taller no es solo técnica. “Juanse me pidió por el Día de la Madre que me ayude a hacer la caricatura de la mamá”.

 

Esa caricatura terminó en la muestra pública. “Es una de las caricaturas que está exhibida en el Villa María Shopping”. Y Matías explica lo que aparece detrás del dibujo. “Fue muy lindo porque vos ves que hay toda una cuestión de afecto, de emoción”.

 

Adultos mayores y una línea posible, más terapéutica

 

Sobre adultos mayores, Matías trae una experiencia concreta. “Al principio de este año tuve una alumna de más de ochenta años”. Pero también marca el límite. “Lamentablemente no pudo continuar”. “Fue la única, la verdad”.

 

Sin embargo, abre una proyección con el nuevo espacio más libre. “Entre las opciones del año que viene, esta que te decía de la cuestión más abierta, más libre, más experimental, creo que también se puede apuntar mucho a adultos mayores”. Y lo nombra con una palabra que aparece como horizonte. “Más terapéutico, tipo arte-terapia”.


El salto al espacio público, el Shopping y las caricaturas en vivo

 

Matías relata cómo se construyó el vínculo con el Villa María Shopping y la experiencia de salida a la comunidad. “Este año tuvimos como taller la posibilidad hermosa de ir a hacer en dos ocasiones caricaturas en vivo”.

 

Marca dos momentos. “La primera fue la Semana del Arte en abril”. “Ahí expusimos, hicimos una exposición y aparte hicimos el día de la inauguración caricaturas en vivo con alumnos”. La segunda fue una fecha masiva y popular. “La segunda fue en el Día del Niño”.

 

Reconoce que ya había un vínculo previo, aunque aclara que el primer contacto no fue por ese lado. “Yo a nivel personal tengo una cercanía con todo lo que es Grupo Gesta porque mi papá trabajó ahí”. Y explica una parte de historia familiar. “Nos vinimos de Noetinger porque consiguió trabajo ahí desde el año 91”.

 

El agradecimiento al espacio donde se hizo la muestra es explícito y sostenido. “No tengo palabras para agradecerles”. “No puedo más que agradecer al shopping, a Villa María Shopping y a la COOPE”.

 

Resalta también lo técnico, como un dato de valorización cultural. “El Salón de Usos Múltiples y el sonido y la iluminación”. Y cuando se pregunta por la convocatoria, responde. “Alrededor de 50 personas”. Sobre diplomas, cifra concreta. “Unos 23”.

 

Cierra ese tramo con una imagen que sirve para reforzar el carácter comunitario del taller. “Había muchos familiares”. “La verdad que salió muy lindo”.

 

Caricatura política y libertad de expresión, un debate con historia y riesgo

 

En este eje Matías instala un marco histórico para la caricatura política argentina. “Argentina tiene una historia de caricatura política inmensa, inmensa, desde el siglo XIX”. Y cita referencias. “El Mosquito, Caras y Caretas”.

 

Cuando se le piden nombres, responde con una lista potente. “Andrés Cascioli, extraordinario”. “Carlos Men”. “Hermenegildo Sábat, con un estilo inconfundible”. También suma a “Lino Palacio”, con su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial. “Cada día dibujaba un chiste con los principales protagonistas de la guerra”.

 

Aparece Landrú como ejemplo central de impacto cultural y político. “El dibujante que caricaturizaba a Illia como tortuga era Landrú”. Y Matías lo interpreta con claridad. “Toda caricatura política implica una toma de posición”. “Hay todo un trasfondo ideológico del dibujante que se pone ahí”.

 

También reflexiona sobre el cambio de época. “Ahora hay otra forma de expresar lo mismo, están los memes”. Y plantea el diferencial histórico de la prensa. “En los 60 la prensa tenía lectores en una cantidad… los niños que leían historietas eran millones”.

 

La conversación avanza hacia libertad de expresión y judicialización. Matías lo formula sin negarlo. “Muchas veces quienes son aludidos no se la bancan y van por la vía judicial”. Pero también reconoce la dimensión institucional. “Recurrir a la justicia es el derecho de todos”.

 

Para marcar el contraste entre lo deseable y lo real, trae el caso extremo. “Me retrotrae a algo que pasó en el 2015 en Francia con Charlie Hebdo”. Y lo sintetiza como advertencia histórica. “En la realidad la caricatura política siempre requirió de un nivel de exposición al riesgo”.

 

Palabras finales: venir a aprender es venir a disfrutar

 

En el final, Matías resume la idea del taller con una frase que funciona como orientación y como puerta de entrada. “Ganas nada más”. “Ganas de pasarla bien”.

 

Y deja claro el espíritu. “La idea es disfrutar de la clase”. “No solo ponemos el acento en el proceso de aprendizaje sino que se disfrute”. “Que sea un momento distendido”.

 

Fuente: En exclusivo para Revista Vértices.

 

Quienes estén interesados o interesadas en sumarse a los talleres el próximo año, aprender a dibujar, explorar la caricatura o acercarse al arte desde una propuesta abierta e inclusiva, pueden comunicarse directamente al 3534 25-0416 y consultar con Matías.

 

 

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