De la guitarra al escenario nacional: construir música sin bajar los brazos
Agustín Castellina es músico independiente, oriundo de Villa María. Su vínculo con la música nace en la infancia, atraviesa una historia familiar marcada por la herencia artística y hoy se proyecta con fuerza en redes, escenarios y plataformas digitales. Entre el trabajo a pulmón, la constancia y el amor por lo que hace, construye una carrera que combina sensibilidad, disciplina y una fuerte identidad local.
Autor
Redacción
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El primer llamado de la música
“Mi trayectoria musical arrancó a partir de los 10, 12 años, porque ingenuamente yo vi una guitarra de casualidad y me llamó la atención sin saber el porqué”. Ese encuentro fortuito marcó el inicio de un camino inmediato. “Arranqué tocando y aprendí rapidísimo, nunca me costó, tuve facilidad”.
Comenzó con folclore, luego se abrió al rock y hoy transita formatos acústicos y cuarteto. “Yo creo que a raíz de todo esto, lo que viene sería mi viejo”, anticipa, señalando una bisagra personal que luego cobraría pleno sentido.
La herencia que estaba en la sangre
Aunque durante la infancia no lo supo, la música ya estaba inscripta en su historia familiar. “Mi viejo era músico, inclusive creo que está la guitarra en el museo de acá de Villa María”. Integrante de Los Soñadores, su figura reaparece con fuerza en el relato. “Cuando falleció le hicieron un homenaje en La Rioja, salió en la tapa del diario en el 2001”.
Con el tiempo, esa información resignificó su propio recorrido. “Yo no sabía esas cosas, pero por eso se ve que me atrajo mucho la música, antes de saber todo lo de mi papá”. La vocación aparece así como algo previo a la conciencia. “Ya lo trae de la sangre”.
La calle, el circuito local y el crecimiento
El camino fue progresivo y sin atajos. “Yo empecé tocando la guitarra en la costanera, tocaba en espacios públicos, inclusive en la terminal de Córdoba”. Esa experiencia marcó su formación y su vínculo con el público.
Con el tiempo llegaron los shows, los proyectos y una decisión más firme. “Definitivamente esto era para mí y me dediqué un poquito más profesional”. Comenzó a grabar singles, distribuir su música en Spotify y YouTube, y a sostener una presencia constante en redes sociales.
Visibilidad, redes y trabajo a pulmón
La mayor exposición llegó desde lo digital. “La mayor visibilidad la tuve en las redes sociales, un fragmento de videoclip llegó a casi 500.000 visualizaciones y se movió por toda Argentina”. Lejos de idealizarlo, lo vive con los pies en la tierra.
“Todo lo que yo estoy haciendo lo hago a puro pulmón”. Diseña flyers, graba videoclips, invierte en equipos, planifica producciones con amigos. “Agarro un trípode, voy con un amigo y vamos a grabar”. Detrás de cada avance hay esfuerzo sostenido y autogestión real.
Lo que no se ve del éxito
La visibilidad no elimina las dificultades. “No es nada fácil vivir de la música y hay que ser realista”. Hoy no vive exclusivamente de su arte, pero lo asume con profesionalismo. “No es un hobby, me lo tomo muy en serio”.
“La constancia y la disciplina son pilares muy importantes”. Detrás de cada logro hay frustración, inversión de tiempo y dinero. “Hacer algo bien requiere tiempo físico y económico”. En ese proceso, el acompañamiento afectivo resulta clave. “Otro pilar que me aguanta mucho es mi vieja. Ella me banca en todo”.
Las canciones, la emoción y lo que quiere transmitir
Su obra se apoya en lo emocional. “Las primeras canciones hablan sobre el amor, sobre lo importante que es tener un vínculo muy afectivo”. Temas como Mírame o Historia de dos trabajan la empatía, el acuerdo, el sentir compartido.
“El último acústico se llama Tú, amor y habla de una despedida, de un adiós, de un hasta luego, no un hasta siempre”. Castellina subraya que escribe pensando en lo que le pasa y en lo que puede llegar al otro. “Me estoy enfocando mucho en la parte emocional, en lo que me gusta y me apasiona”.
Individualismo, compañerismo y escena local
Al mirar el escenario local, aparece una reflexión crítica. “He notado como que hay un poco de individualismo. Como si uno lo tomara como competencia”. Aclara que es una percepción personal, pero insiste en que “faltaría un poco más de compañerismo porque se podrían lograr muchas cosas”.
En contraste, destaca lo vivido en otros ámbitos. “En el cuarteto hay mucha más empatía. Vení, cantá conmigo, compartimos algo”. Esa diferencia no la atribuye solo al género, sino a las personas. “Eso se nota un montón y yo lo valoro mucho”.
No bajar los brazos: perseverar como forma de vida
Para cerrar, el mensaje se vuelve explícito y toma forma de consejo para quienes recién empiezan. “Que realmente la apasiona, que lo siente, que le gusta, que le da vida, que le hace sentir vivo”. Castellina insiste en que el camino artístico no se mide por métricas externas. “El éxito no se mide por cuántas personas te siguen o cuántas personas te ven”.
En su experiencia, el verdadero sostén está en la perseverancia. “Que se ate los cordones, que siga para adelante, que sea perseverante”. El crecimiento, sostiene, llega como consecuencia. “El éxito es matemático. Llega solo y es muy conceptual a uno mismo”.
Más allá de la música, el mensaje se amplía a la vida. “Hay que seguir, hay que lucharla, en cualquier aspecto, no solo en la música”. No bajar los brazos aparece como una ética cotidiana, ligada al esfuerzo, al amor por lo que se hace y a la convicción de que cada paso, por pequeño que sea, construye futuro.
Erica Cóceres es artista escénica, emprendedora y militante de espacios comunitarios en defensa del ambiente, el feminismo y las diversidades. Oriunda de Entre Ríos, pero adoptada por Villa María, construyó su camino en el circo, la danza y el clown desde la autogestión, el trabajo colectivo y una convicción profunda: el arte no puede separarse de lo político ni del cuidado de la vida.
Desde el regreso consciente al dibujo y la formación en caricatura, pasando por la creación de un espacio propio con identidad, hasta la expansión del taller como propuesta cultural abierta a todas las edades, la experiencia de Matías Giletta recorre tres momentos de una misma búsqueda. Dibujar como forma de expresión, de encuentro y de intervención cultural, en una ciudad donde el arte popular vuelve a ocupar el centro de la escena en Revista Vértices.
En esta conversación profunda con Revista Vértices, Jorge Daher revisa el origen real de Villa María, la disputa entre poderes locales, el peso persistente del centralismo porteño, el derrumbe de las viejas estructuras partidarias y la ausencia de liderazgos capaces de transformar la cultura democrática argentina. De Yucat al ferrocarril, del cordobesismo a la epopeya de San Martín, del voto sin partidos al recuerdo de Alfonsín, emerge una lectura crítica y lúcida sobre nuestra identidad histórica y política.