Cuando el colectivo salva: rap, barrio y batalla virtual
Desde Río Cuarto, Lucas Diaz recorre su camino desde el rap de plaza hasta la organización cultural Suena al Bajo. Entre competencias, talleres en barrios, ollas populares y una denuncia que se volvió bandera, sostiene que el hip hop “nace de una lucha” y que hoy también se disputa en el territorio y en las redes. En su mirada, el arte es herramienta, el colectivo salva y la cultura no se rinde.
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Redacción
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Fuente: Gentileza L.D.
Desde siempre, pero con un punto de quiebre
“Desde siempre.” Así responde cuando se le pregunta desde cuándo se considera artista. “Uno se pone por ahí el título de artista cuando logra materializar algo”, y en ese sentido aclara que “hoy el artista se lo puede mirar de dos formas”. Para él, “todo en nuestra vida hacemos arte” porque “de chiquito cantamos, de chiquito bailamos”, y también se crea en “cantar, bailar, pintar”, en “manualidad, cocinar”, con “muchas artes alrededor nuestro”. En esa continuidad, ubica un inicio más marcado cuando entra a competir y a exponerse con el rap: “en el hip hop, que es desde 2019 que yo me considero como, bueno, ahí sí me puedo considerar más rapero”. Ese año, dice, fue “un punto de partida” y “algo nuevo en mi vida”.
De Cutral Co a San Luis, del encuentro a la plaza
“Yo soy de Neuquén, de Cutralco”, cuenta, y explica que el salto se da cuando se va a estudiar y se encuentra con un movimiento que ya venía creciendo. “En San Luis, ya viniendo con el auge que había del movimiento hip hop a nivel nacional”, empieza a ver “movimientos de rap” y “competencias de rap” en plazas de distintas capitales. Se mete mirando una competencia y luego se anima: “me mando y en la siguiente compa me inscribo, digamos, ya para rapear”. Antes había rap en la intimidad, “con mi primo” o “con algún que otro amigo”, pero “solos”, sin esa exposición pública. El cambio fue ese paso a “exponerse, digamos, como un artista, como un rapero”.
El contexto nacional y la búsqueda interna
Cuando le preguntan si fue la ola nacional o algo más interno, responde “siempre mitad y mitad”. Reconoce “un contexto” que se masificó con “Quinto Escalón”, “Red Bull” y el rol de internet como “nexo a conocer esta cultura y a conocer este nuevo movimiento”. Pero también insiste en que “yo siempre con el arte quería hacer algo” y que el rapp le apareció como “un lugar donde puedo hacer arte”. Al hablar del semillero, menciona nombres que se destacaron desde esa escena: “Wos, Duki, Trueno, Paulo Londra”, y remarca el papel del circuito independiente en plaza con “YouTube” como herramienta para “viralizar todas las compes” y “permitió a ciertos artistas, sí, explotar”.
Hip hop de protesta, contra la estética del sistema
Dice que al meterse más de lleno conoce a alguien clave: “un compañerazo… el Villa MC, que le muestra “otro lado del hip hop”. Ahí aparece con fuerza su lectura crítica: “hoy el arte ha avasallado… con un lado de interés del capital”, y pone un ejemplo directo: “estos pibes cuando explotan la agarran las multinacionales… y lo explotan desde ese lado”. Frente a eso, rescata “el hip hop de la lucha, el hip hop de la protesta”, y nombra referencias latinoamericanas que lo marcaron, como “portavoz de Chile”, y esa escucha que lo llevaba a decir “mirá qué zarpado”.
También describe qué es lo que el mercado empuja a destacar: “el dinero, las mujeres, la droga, el lujo, la mansión… fiesta, el famoso pegarse”. Por contraste, él se corre hacia “más de protesta, más de lucha” y hacia el origen del movimiento, porque “el hip hop… cómo nace, que es como una lucha, una lucha social”.
Letras, redes y la batalla cultural
Aclara que no tiene “temas lanzados a la estratófera” en cantidad, y que gran parte de lo suyo pasa por “mucho del freestyle”, las “compes” y los “cypher”, que define como espacios para “demostraciones… de escribir letras”. En vez de elegir dos canciones, elige un sentido. Su definición es política y corporal: “para mí el arte es una herramienta”, y lo enlaza con “la explotación de los cuerpos hoy en el mundo”, “un cuerpo en trabajo en las redes sociales”, “un laburo de 12 horas”, y “cómo nos quiebran psicológicamente”. En esa línea suelta una imagen dura: “somos zombies… dentro de un mundo virtual en donde te ametrallan”.
Sobre cómo convivir con las redes, insiste en la matriz colectiva: “mi vida es muy colectiva… porque creo que el colectivo salva hoy”. Explica que en redes buscan “batallar… con mis letras”, y con lo que hacen como organización: “más allá de hacer compes o talleres… hacemos ollas populares, hacemos roperitos”. Para él, las plataformas empujan “la individualización”, el “vos podés solo”, “invertir en vos”, “ser tu propio jefe”, y por eso plantea que hay que dar disputa con contenido y territorio. Da ejemplos de su posicionamiento y de lo que quieren mostrar: “defendemos mucho la lucha palestina”, denuncia “un genocidio televisado”, y afirma que quieren evidenciar “los genocidas del Estado de Israel… del sionismo”.
También habla de “una Argentina que está cada vez peor” y de una región donde “te la quieren ocultar” porque “los algoritmos no están diseñados para mostrar la realidad”. Señala además el poder de las grandes tecnológicas, “Meta”, “Elon Musk”, y sostiene que en Argentina hay “un promedio poco menos entre 8 y 9 horas con el celular en la mano”. Su pregunta estratégica queda planteada como militancia cultural: “¿cómo vas a estar ahí dentro de las redes sociales dando la batalla?”, sin abandonar “la calle”.
Talleres, ollas populares y organización federal
Ubica territorialmente el trabajo y lo vuelve concreto. “Las ollas populares se hacen en San Luis Capital, son todos los viernes”. En Río Cuarto, dice que sostienen “talleres… en el barrio Alberdi en el espacio Cura Brochero” y “competencias de rap y de baile” en una plaza. También cuenta celebraciones y acciones comunitarias: “hemos estado festejando el Día de las Infancias”, “festejo de la Navidad en la plaza principal”, y lo justifica desde la necesidad social: “imagínate, la gente en situación de… empezar a brindar esos espacios”. Desde ahí lo resume con una frase que quiere que quede como bandera: “el hip hop nace de una lucha”, “el hip hop es una lucha”, y “el hip hop es una herramienta de lucha”.
Represión, una consigna que se volvió bandera y un libro como herramienta
Relata un momento bisagra organizativo. “En 2021 a nosotros nos reprimen 60 efectivos policiales adentro de la plaza principal de San Luis Capital”, cuenta, y agrega “se llevan a nueve compañeros”. La respuesta fue con arte: “le hicimos la competencia en la puerta de la comisaría para que los liberen”, y remarca “no estábamos haciendo absolutamente nada más que arte”. Lo difundieron y “se viraliza un montón”, con apoyo “a nivel nacional, internacional”. De ahí surge una consigna que se replicó: “el arte no es delito”, que dice que llegó “por toda Latinoamérica” y “hasta en España”, con menciones de artistas y competidores que se solidarizaron.
Explica además el proceso del libro: “lo empezamos a escribir en 2022-2023”, “apuntado a el arte y el hip hop como herramienta de lucha”. Dice que tuvieron que “estudiar un montón” la historia del hip hop y hablar con referentes, y enumera entrevistas realizadas: “Juan Data”, “DJ Hollywood”, “integrantes del sindicato del hip hop”. El libro incluye relatos de “entre 30 a 40 artistas a nivel nacional”, “toda la cronología”, un manual de “Corepi… qué hacer cuando te detienen ilegalmente la policía”, y un manual de “cómo armar una competencia de rap”. Lo define sin vueltas: “una herramienta de lucha”, y anticipa que “tendremos que hacer el segundo”.
Suena al Bajo, artistas militantes y espacios seguros
Aclara el origen del colectivo. “Suena al Bajo nace en 2021”, y detalla quiénes lo sostienen desde la creación: “el Villa MC, el Taro, la Lexi, la Delfo y yo”. Cuenta que hoy hay grupos en “San Luis”, “Río Cuarto” y “el norte… de San Luis”, con “más de 30 artistas articulados”. Marca la expansión: “llevamos más de 10 provincias” con “competencia o taller”, y nombra recorridos por “Buenos Aires, Mendoza, San Juan, Río Negro, Neuquén… Córdoba”, además de conexiones virtuales.
Define identidad política-organizativa con precisión: “no somos un partido, no somos un sindicato, somos un grupo de artistas militantes, artistas populares militantes, independientes de cualquier partido”. Y vuelve al horizonte: “queremos un mundo nuevo”, “usar el arte como herramienta”, y “crear estos espacios seguros”.
Cierra con un dato que pone el trabajo en clave de urgencia: en el norte de San Luis, “2021-2022… fue una de las regiones de Argentina con la tasa más alta de suicidio en jóvenes”. Para él, ahí se entiende el para qué: “¿para qué estos espacios? Para salvar”. Y lo repite como síntesis final: “El arte salva, el colectivo salva”.
Fuente: En exclusiva para Revista Vértices
Fuente: Gentileza L.D.
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