Música, poder y algoritmo: la disputa por el sentido cultural en el Super Bowl

Ismael Varas, estudiante de música de la Universidad Nacional de Villa María, analiza el impacto cultural y político que generó la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl y la reacción que despertó en distintos sectores del poder. Desde una mirada crítica, sostiene que no se trata solo de un espectáculo, sino de un hito simbólico donde identidad latina, industria musical y disputa ideológica se cruzan en el corazón del mainstream global. Para él, el arte no es neutral, el algoritmo tampoco, y la cultura sigue siendo un territorio en disputa.

Fuente: Gentileza de I.V.

 

Un fenómeno que llegó por la repercusión

 

“Mirá, la verdad que soy sincero, yo me he entrado como un poco más tarde de la cuestión”, dice Ismael, estudiante de música de la UNVM, comprometido y emprendedor. No lo vio “en ese momento”, sino que llegó “a partir de la repercusión mediática” como le paso a la mayoria ya que era un evento extranjero. Aun así, lo define como “un fenómeno por lo menos llamativo e interesante de analizar en varios puntos”, porque no se trata solo del show, sino de lo que el hecho activa en términos políticos, culturales y simbólicos.

 

El hito de hablar en castellano en el epicentro del dominio cultural

 

Para estudiante tesista, hay dos repercusiones centrales. “Por un lado hay una repercusión desde el lado del contenido político del mensaje que transmite él”. Y, por otro, el dato histórico del escenario. “Un artista latinoamericano haya podido presentar un espectáculo hablando en castellano y con ese mensaje en ese lugar”. Lo subraya como “importante como un hito histórico”, porque ocurre en “el epicentro de la espectacularidad y el dominio cultural yanky”, en un evento que define como “un fenómeno histórico y muy particular de esa cultura”.

 

Mensaje, coyuntura e inmigración, cuando la protesta se cuela en el espectáculo

 


Ismael remarca que “haya irrumpido con ese mensaje particular, con una protesta muy particular, en un momento muy particular de la historia de Estados Unidos”, con un contexto marcado por “un conflicto que se está disparando con la cuestión de inmigración”. En ese marco, destaca “una bajada de línea muy concreta y muy explícita respecto al valor de la cultura y de la comunidad puertorriqueña y de la segregación que sufren dentro de la sociedad estadounidense”. Para él, el núcleo es claro, aunque esté dicho sin gritarlo.

 

Lo implícito también habla, Hawái y el “estamos aquí”
 

El músico entiende que el mensaje no necesita ser explícito para ser político. “Yo creo que el mensaje está un poco implícito”. Aun así, identifica dos frases que considera claves. Una es “no quiero que les pase lo que le ha pasado a Hawái”. La otra, el cierre. “Estamos aquí”. A partir de ahí sostiene una lectura más amplia. “La repercusión esta de Bad Bunny es la punta del iceberg de un movimiento cultural que está habiendo en toda Latinoamérica hace varios años ya”, y propone usarlo “como un disparador para echar luz sobre un montón de otros referentes” que, con distintas escalas, vienen empujando una reivindicación cultural y política latinoamericana.

 

Milei, la censura y la batalla cultural como dispositivo

 

Cuando la conversación baja a la Argentina, el futuro profesional es directo. “No, de ninguna manera, no es casual y responde a una bajada de línea que viene también desde esos espacios”. Y agrega “No sabemos que Milei es un tipo que está totalmente sometido a las decisiones, a las disposiciones, en cualquier materia de Estados Unidos, ya sea económica, ya sea cultural”.

 

En ese cruce, lee similitudes en los métodos. Habla de “un aparato también desde el gobierno de Estados Unidos, desde una censura muy fuerte al evento este en particular, con su aparato mediático, con su ejército de tuiteros, todo muy similar como se maneja aquí”. Recuerda además que “siempre ha habido también un ataque similar de parte del gobierno” cuando artistas se pronuncian “en contra de medidas del gobierno” o marcan “un posicionamiento”.

 

Cultura nativa, cruces folclóricos y una disputa generacional

 

En esa línea, menciona que hay artistas que “están haciendo movidas similares con un mensaje similar”, tanto por “la reivindicación del valor de la cultura autóctona o folclórica mezclada con cosas de música actual” como por “la idea del ser latinoamericano o del ser argentino”. Señala casos donde se “recuperan elementos folclóricos” y se tienden “puentes con artistas referentes”. Pone ejemplos concretos en el plano musical y político, al mencionar cruces con figuras históricas y “referentes con una postura política muy concreta”. Para Ismael, ahí aparece una tensión decisiva, porque “desde el lado empresarial se destaca esos vicios que quiere el sistema”, mientras otras propuestas buscan “más de protesta, más de lucha”.

 

Cuando el arte toma partido, el valor de pronunciarse

 

Para cerrar, plantea la idea central que atraviesa toda su lectura. “Que sirva esto como un disparador, por un lado, para volver a poner el ojo en nuestra historia cultural, en nuestra historia musical”. Y también “que sirva como una apertura, que haya más de estos artistas, más de estos fenómenos”, capaces de “establecer una posición o un vínculo entre su propuesta musical y su planteo político”. Advierte un clima concreto.

 

“Estamos en un momento en el que la censura es muy fuerte”, donde muchos artistas “deciden callarse” por miedo a que “me golpean en las redes, después me bajan de los festivales”, y define eso como “formas blandas y duras de censura”. En contraste, reivindica a quienes “han decidido agarrar la posta y bajar línea”, “pronunciarse y opinar de lo que está pasando”, “defender a su colectivo como músicos” y “defender a la población en general, que está siendo muy golpeada”. Su conclusión es nítida. “Me parece que eso es súper valioso”, y que “tenemos que apostar y apoyar a esos artistas que eligen pronunciarse por lo que está pasando”.

 

Fuente: En exclusiva para Revista Vértice.

 

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