El orden global golpea la puerta local

Desde la sociología política, este escrito reflexiona sobre las relaciones hegemónicas locales a la luz del orden global, reactualizando la frase atribuida por el sociologo Patrick Geddes “piensa globalmente, actúa localmente”. En el marco de la nueva agenda norteamericana en el continente y en el país, no solo se reorganiza el mapa del poder, sino también el de las influencias. De ese modo, mediante subordinaciones múltiples, se redefine qué tan sólida o frágil puede volverse una estructura dominante en el territorio. Este texto no busca describir intenciones personales ni juzgar trayectorias individuales, sino analizar estrategias sociopolíticas para reconstruir regularidades de poder, formas de conducción y límites estructurales en la reproducción social y cultural.

Foto: Fuente Villa María Vivo

 

La reactivación de una oleada de influencia norteamericana desde 2023, intensificada por la guerra económica global y por el reposicionamiento de agendas hemisféricas, vuelve a tensionar una regularidad social e histórica. Ya no se trata de una etapa temprana de alcance limitado o la falta del mito de gobierno que supo caracterizar a la política local ni la aceleración simbolica de la demostración de fuerza  tras un peronismo fragementado, menos aún con la derrota de la linea ortodoxa en la últimas elecciones. Ahora aparece el empuje externo de las influencias geopolíticas, las hegemonías municipales tienden a contraerse. No porque desaparezcan, sino porque se ven obligadas a reordenar su capacidad de conducción, sus alianzas y sus dispositivos de legitimación con fuertes dificultades en otro dispositivo como el de justificación.


En ese escenario, el peronismo municipalista que gobierna desde 1999, en paralelo al ascenso chino como factor de equilibrio en el sistema mundial, llega al horizonte 2027 con un desafío decisivo. La reproducción de su bloque histórico ya no depende solo de gestión, obra pública o administración eficiente. Depende de liderazgo político capaz de combinar recursos materiales, densidad territorial y dirección cultural, sin quedar atrapado en una nueva contracción hegemónica frente a la estructura de oposición real o virtual interna o/y externa.


La jefatura comunal y el orden mayor

 

Vale destacar que los jefes comunales locales, desde la inauguración institucional de la ciudad en 1883, nunca gobernaron en un vacío estrictamente municipal. Además del plano provincial y nacional, la geopolítica de cada época operó como horizonte de ideas dominantes, en un hemisferio donde la influencia norteamericana consolidó supremacía. Primero como doctrina, luego como expansión material y finalmente como potencia global en la posguerra.


En ese marco de larga duración, la dimensión político institucional local, centrada en la figura del intendente, no garantiza por sí misma la reproducción estable de un bloque hegemónico. En numerosas etapas, esa limitación derivó en procesos de contracción para las clases dirigentes dominantes, erosionando capacidad de conducción y proyección en el tiempo. No se trata de falta de relevancia dirigencial, sino de un límite estructural para transformar autoridad municipal en dirección cultural y política hegemónica.


A partir de mis diálogos compartido con Rubén Ruedi, aprendí a considerar ex jefes comunales que dejaron huella en ámbitos del poder como P. Viñas, los hermanos Secco, E. Parajón Ortiz, E. Seydell, S. Deiver, C. Pizzorno y M. A. Veglia. Son figuras significativas para comprender la trama institucional de sus épocas y la gravitación de sus liderazgos. Sin embargo, ese peso no se tradujo necesariamente en períodos hegemónicos sostenidos ni en una reproducción estable del bloque histórico, más allá de su importancia personal y política institucional.


En contraste, en el ciclo contemporáneo se inscriben las intendencias de E. Accastello, N. Bedano y M. Gill como encuadramientos de poder más definidos detrás de la jefatura comunal. Desde 1999 se configura un aparato de control de sentidos que organiza los asientos principales del peronismo dominante con sede municipalista, articulando conducción política, narrativas públicas y capacidad de estructurar la escena local.


En mis intercambios con el historiador local, él sostenía que el interlocutor decisivo del peronismo desde 1999 era E. Accastello. En esa lectura, el dirigente aparece de forma determinante, persistente y creativa en distintas fases, escalas y momentos sociopolíticos de la ciudad. La dimensión político institucional que expresa se verifica también en la acumulación de mandatos. Cuatro intendencias, una más que M. A. Veglia, y cinco postulaciones al sillón de la jefatura comunal. El intelectual peronista mantenía un gran aprecio por su amigo, compañero y líder, pero también desplegaba argumentos para ubicar su presencia como promotora de un momento histórico, más allá de simpatías o afinidades personales.


En consecuencia, el actual jefe político del nuevo accastellismo, en articulación con su última candidata a diputada nacional y en correlación con otros actores de la ciudad como el presidente del Concejo Deliberante, comienza a delimitar un vértice de poder del presente ciclo. En torno a ese núcleo se mueven intelectuales orgánicos funcionales, coyunturales y estructurales, que operan como engranajes de las ideas dominantes de la época. Ese insumo resulta vital para normalizar la arquitectura del próximo bloque histórico, al menos desde la dimensión político institucional, en la medida en que logre reproducciones sociales y políticas capaces de consolidar una nueva subjetividad de poder.

 

Radicalismo y praxis divergentes: Intendentes fuertes, bloques débiles en el período de los no contemporáneos

 

Si tomamos los siete intendentes nombrados anteriormente, cinco con origen radical, aparece una particularidad que rompe cualquier lectura lineal. La pertenencia partidaria no garantizó una praxis orgánica más allá de lo identitario. Hubo, en cambio, contradicciones internas persistentes dentro de esa misma línea. Cada figura ofreció un enfoque propio, a veces confrontativo con el statu quo, otras veces reformista, desarrollista, popular o directamente personalista. En el plano local, esa diversidad construyó intendentes con presencia y decisión, pero con dificultades reales para estabilizar bloques hegemónicos durables por factores domésticos y también extra locales.

 

En esta clave, el proceso de contracción de las hegemonías municipales no debe pensarse como un accidente individual, sino como expresión de fracciones de poder en movimiento y de límites estructurales para traducir autoridad municipal en dirección política y cultural. La interpretación se vuelve más nítida cuando se reconoce que la historia local, aún cuando parezca estable, suele convivir con tensiones internas, desgastes y erosiones que impiden una reproducción política contundente. En Villa María, lo que se presenta como continuidad institucional con frecuencia encubre un esfuerzo permanente por sostener gobernabilidad con bloques frágiles.

 


En términos de categorización, puede hablarse de tres grandes realidades sociopolíticas durante esta etapa entre 1883 y 1999, conservadurismo, radicalismos y peronismos. No como bloques homogéneos ni estrictamente lineales, sino como climas de conducción que se re-acomodan, chocan con límites concretos y tensionan su propia inscripción identitaria. Incluso cuando la gobernabilidad se sostiene, la hegemonía pocas veces logra consolidarse como régimen de sentido expansivo. Hay liderazgo, hay obra, hay presencia, pero falta amortiguación interna para proyectar dirección en el largo plazo.


Si se observa el tramo inicial, P. Viñas aparece como figura con capacidad de mando y, a la vez, como síntoma de conflictos entre modernización, intereses cruzados y disputas internas. Luego, los hermanos Secco encarnan un radicalismo de confrontación moral frente al conservadurismo, pero con límites para reproducir su impulso como organicidad perdurable. Más adelante, E. Parajón Ortiz, E. Seydell y S. Deiver ejercen el poder durante once años consecutivos (un breve comisionado entre los dos primeros), con momentos de expansión institucional y también con quiebres abruptos que revelan fragilidad de las condiciones de estabilidad. Incluso cuando se registran articulaciones promisorios con interlocutores provinciales (sabattinismo), la hegemonía municipal no termina de condensarse como dirección cultural estable.


En esa secuencia, C. Pizzorno queda como figura paradojal. Presencia institucional alta en un período de interrupciones, pero dificultad para traducir esa presencia en hegemonía partidaria expansiva en la democracia de los ochenta. Y, ya en el tramo final del siglo XX, M. A. Veglia logra acumulación prolongada, pero aun así la continuidad no alcanza para garantizar reproducción hegemónica sin fisuras. La regularidad vuelve a aparecer, intendentes fuertes, entramados débiles. Identidades contradictorias partidarias visibles, praxis orgánicas limitadas. Y una escena municipal que, incluso cuando se estabiliza, lo hace bajo condiciones estructurales que imponen límites.

 

Fuente: Foto Perfil Córdoba
Fuente: Foto Letra P

El peronismo dominante ante el cambio de época

 

Desde 1999, el peronismo municipalista construyó un dispositivo de conducción (legitimidad y justificación) que logró expandir hegemonía hasta la actualidad. Esa expansión combinó administración, producción de sentido y articulación territorial pero nunca tan abierto en lo pre-electoral con tensiones categóricas desde 2017 entre las fracciones del peronismo dominante. Sin embargo, toda expansión hegemónica acumula tensiones que erosionan para darle creatividad a un nuevo periodo de poder. La hegemonía contemporánea amplía su bloque, pero paga costos en el trascurso del tiempo en términos de erosiones internas (divisiones internas, pre-visión deliberada), disputas por la cadena de mando (vínculo con el gobernador, elecciones intermedia 2021, transcisión trunca), y conflicto entre gestión técnica y conducción política (auditoría externa, ley de emergencia economica, ficha limpia).


Aquí se fortalece la premisa analítica: coincide desde el asenso del trumpismo con su bateria de guerra comercial frente a China con la escalada de conflicto dentro del peronismo dominante (Gill/Bedano-Accastello). Lo internacional no opera como telón decorativo. Opera como reconfiguración del campo de lo posible. Impone ritmos, lenguajes y criterios de gobernabilidad que aceleran procesos locales. Cuando el orden mundial entra en disputa y el hemisferio vuelve a endurecerse, el margen de maniobra municipal se estrecha. Las hegemonías débiles se contraen con mayor velocidad. Las hegemonías expansivas sobreviven absorbiendo conflictos y acelerando traducciones políticas, con el riesgo de desgastar la legitimación interna pero neutralizada con la narrativa dominante y la dirección cultural que eclipsa o paraliza todo movimiento geoestratégico.


En ese marco, el peronismo villamariense se formó en un clima histórico donde el ascenso chino funcionó como factor que descomprimía parcialmente el mando unipolar, quedando practicamente en el olvido el consenso de Washington. No es una cronología ornamental. Es el contexto material y simbólico en el que la hegemonías peronista pudo expandirse sin quedar encerradas en una sola dependencia. Por eso, si el momento cambia con nuevas oleadas norteamericanas, la hegemonía local debe reordenar gramática, alianzas y racionalidad práctica. No alcanza con reducirlo a geopolítica entendida como paisaje externo. Lo que cambia es el modo en que se define el campo de lo posible, cómo se estrechan o se amplían ventanas de maniobra y cómo se reordenan lealtades.


En este punto aparece un riesgo recurrente de toda hegemonía prolongada. Cuando la lectura se atrasa, sea por ceguera analítica o por exceso de personalización del mando, la hegemonía paga un costo doble. Pierde capacidad interpretativa y pierde capacidad de conducción. La política municipal, si pretende sostener dirección, necesita renovar su capacidad de traducir el cambio de época al lenguaje local sin quedarse atrapada en la trama partidaria, en consensos blandos y en nombres propios como único recurso.


Pacto endogámico, exogamia y disputa por la dirección

 

Dentro del bloque dominante, en clave interpretativa el pacto endogámico funciona como recurso y como problema. Puede operar como red estratégica para asegurar continuidad, disciplina territorial y control de recursos. También puede convertirse en encierro. La endogamia tiende a dar eficacia táctica, pero suele acelerar erosión cultural cuando reduce la capacidad de sumar consensos por fuera del núcleo tradicional y cuando deja sin resolución las fricciones internas.


En contraste, la exogamia política no significa improvisación ni ruptura total con las tradiciones. Significa capacidad de incorporar interlocutores, renovar procedimientos y actualizar gramáticas de legitimación en base al pragmatismo electoral. Puede ampliar consensos, oxigenar sentidos y reducir el desgaste pero es una jugada fina con muchos niveles (discurso social, reparto de cargos en otra escala como la provincia o nación, y lugares de cogobernabilidad o lugares de suceciones). Pero exige coordinación presisa. Absorber contradicciones sin romper la cadena de mando. Ampliar sin perder orientación estratégica.


La tensión entre estos dos caminos se vuelve decisiva cuando el mundo exige nuevas traducciones. La hegemonía local, si pretende evitar contracción, necesita reconstituir dirección cultural y moral. Necesita producir un relato capaz de sintetizar intereses populares, ordenar demandas territoriales y, al mismo tiempo, administrar un escenario de mayor polarización ideológica y económica, que ponen en jaque a viejos oficialismo.


En ese contexto, el análisis del presente ciclo no puede limitarse a la coyuntura electoral ni a la lista de nombres. Debe leer desplazamientos internos, reacomodamientos de fronteras y formas de arbitraje en las escalas provincial y local. Allí aparecen también actores que anticipan arquitectura de bloque hacia adelante, con entradas legislativas, alianzas intrapartidaria y movimientos que reordenan la escena. Como actual presidente de la cartera de Turismo del gobernador M. Llaryora y con apoyo explícito al candidato J. Schiaretti en la última elección (1), se configura como un claro aliado técnico dentro de la coalición provincial, con respaldo parlamentario de caracter funcional.

 

Aún no está definido si su rol será el de un actor transitorio o fijo en el plano táctico, donde no se registra confrontación entre Accastello y Capitani, se articulan periferias de Provincias Unidas y se observa una agenda conjunta en materia de turismo. O en el plano estratégico, vinculado a una proyección más cupular de Provincias Unidas con capacidad de mediación por momentos dentro del tablero local o capacidad de capitalizar la transversalidad. Sin tener en cuenta otro plano significativo como fueron momentos cruciales dentro de la unicameral en la etapa 2015-2023 [A].


Reflexión final: Interrogantes para un 2027 que ya empezó


Si se mantiene la regularidad histórica entre dimensión político institucional local y gravitación hemisférica de Estados Unidos como poder dominante en la región (por lo menos recuperar la agenda latinoamericana). La nueva oleada de presión externa puede acelerar un escenario de inestabilidad estratégica provocando una nueva crisis analítica. No necesariamente por ruptura inmediata, sino por erosión acumulativa, por desgaste de traducciones, por agotamiento de repertorios y por dificultad para renovar consenso.


La pregunta final deja de ser quién administra la ciudad. Pasa a ser otra más exigente: el liderazgo. ¿Qué tipo de hegemonía puede sostenerse en el nuevo orden? ¿Con qué alianzas? ¿Con qué recursos simbólicos? ¿Con qué gramáticas de justificación? ¿Con qué capacidad real de renovar consenso sin acelerar la erosión interna?

 

Qué margen de maniobra tiene una hegemonía municipalista cuando el mundo vuelve a imponer clasificaciones y el hemisferio vuelve a ordenarse como laboratorio de disputa, en donde lo único que va quedar es un “Desorden Multipolar” como lo refleja Gabriel Merino (2). ¿Qué ocurre si la conducción se repliega en pactos endogámicos como si la reproducción fuera automática? ¿Qué ocurre si la ampliación exogámica se convierte en dispersión sin cadena de mando? ¿Qué actor o qué estilo de acumulación puede funcionar como transición sin clausurar el campo?, ¿aparece un nuevo sellismo? ¿emerge un nuevo delasotismo?, ¿o una salida vecinalista sin vecinos, administrada por profesionales de la política?.

 

¿Aparece una continuidad con más control de daños que horizonte de dirección cultural? ¿Aparece también la posibilidad de una recomposición creativa, capaz de neutralizar micro crisis internas y absorber crisis externas sin caer en lecturas lineales ni tranquilizadoras?. Y aparece, por último, el recordatorio gramsciano que recorre toda la historia municipal. La hegemonía no es un dato. Es una tarea. Cuando deja de recrearse, se contrae. Cuando se expande sin resolver sus contradicciones, se desgasta. Cuando se personaliza en exceso, se encierra. Cuando se abre sin coordinación, se desarma.


En el nuevo ciclo, la hegemonía se juega en la capacidad de leer el cambio de época, anticipar fracturas internas, construir traducciones que conecten lo global con lo doméstico y renovar legitimación sin clausura endogámica ni ampliación sin orientación por excesos de pragmatismo. Si el orden global golpea la puerta local, la pregunta ya no es si se lo escucha. La pregunta es quién lo entiende y qué hace con ese golpe. ¿Profundizar el modelo sin los recursos que llevaron al proceso hegemónico a su éxtansis? ¿o realizar un movimiento estrucutral del dentro de la historia del peronismo local incorporando al nuevo sellismo?


Fuente:

 

Ruedi, Ruben (2016) “Historia de Villa María”

Del Campo, Carlos Alberto (2023) Carlos Emilio Pizzorno. Intendente Municipal de Villa Maria”

Russo, Gerardo (2022) “El peronismo en Villa María, 1943-1955. Orígenes, organización y prácticas políticas”

Sella, Orlando (1983) “Política Parlamentaria (1983-1988). Un enfoque justicialista”

Gramsci, Antonio. (2000). Cuadernos de la cárcel 

Wallerstein, Immanuel (2005) “La decadencia del poder estadounidense¨

Jorge Xifra Heras, en La sociedad política, estructura de poder y de sentido (PDF)

1) https://www.vertices.com.ar/contenido.php?id=444 
2) https://www.vertices.com.ar/contenido.php?id=638 

 

Nota de Pie:

 

[A] Vale recordar, que no pertenece solo a estos días ni a la coyuntura inmediata. Hay escenas del pasado reciente que se muestran como pre-históricas por el exceso de información. Tales hechos sociales y políticos de caracter legislativo funcionan como antecedentes estructurales del presente y que ayudan a leer continuidades en la forma de construcción del poder provincial.

 

En ese marco, para mi opinión hay dos tráilers retrospectivo del microclima político que sean convertido en atmósfera. Primero la votación de la reforma previsional del 23 de diciembre de 2015. Con M. Macri ya como presidente y J. Schiaretti nuevamente como gobernador, la Legislatura cordobesa sesionó a puertas cerradas mientras los sindicatos se manifestaban en la calle. Allí se aprobó una ley que reformó el régimen jubilatorio en varios sentidos, pero que además dejó una señal más profunda de interpretación entre la vatación de los legisladores villamariense, Bedano (en contra) y Capitani (a favor), tal como surge de los registros taquigráficos y discursos legislativos de la época.

 

No fue solo una reforma normativa asociada a una urgencia fiscal, sino una escena donde se hizo visible una forma de construcción de poder basada en el procedimiento de ajuste, los alineamientos legislativos y la administración del conflicto social.

 

Esa escena adquiere valor analítico hoy porque permite leer una gramática política que se repite. Años después, la votación vinculada a la regulación del juego online volvió a disparar un pico de tensión pública y acusaciones cruzadas antes de la votación, durante el orden del día y después de la sanción. A simple vista podrían parecer episodios distintos. Sin embargo, funcionan como dos tráileres de una misma película para comprender el actual bloque histórico. En ambos casos aparece un lenguaje de oposición (externa y/o interna) que convive con prácticas de cogobernabilidad, una distancia creciente entre el discurso público y el mundo efectivo de las decisiones, y una retórica crítica que no impide el acompañamiento al oficialismo en votaciones clave.

 

Ese desfasaje entre lenguaje y acción no es un error comunicacional, sino una forma específica de orden político. Permite sostener identidades opositoras mientras se garantiza gobernabilidad, y explica por qué ciertos actores resultan funcionales al bloque dominante aún cuando se presentan como externos o críticos del mismo.

 

Tipo de texto ensayo: se inscribe en el género del ensayo de análisis político y sociológico

Duración: 12 min lectura

Aclaración editorial: Este análisis político aborda estrategias de poder y dinámicas de la vida política, no personas sino personas públicas que forman parte de colectivos sociales. Su propósito es abrir el debate, aportar educación cívica y ofrecer herramientas de metodología política para comprender decisiones públicas y sus impactos sociales. De este modo, trabaja hipótesis de lectura, conjeturas y supuestos analíticos para comprender regularidades sociales e históricas.

Interés: El presente texto forma parte de un ensayo de análisis político más extenso, orientado a reflexionar sobre hegemonía, poder local y reconfiguraciones globales desde una perspectiva sociopolítica. Quienes deseen acceder a la versión completa pueden solicitarla escribiendo a: [email protected] o dirigirse al autor.

 

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